El amante de Lady Chatterly, de D. H. Lawrence

Y con él llegó el escándalo, no con Christian Grey. Retomamos este clásico de D. H. Lawrence que en su día provocó una revolución, un escándalo y una prohibición.

Corría el año 1928 cuando El amante de Lady Chatterly se publicó por primera vez en Florencia. Como novela erótica, la obra de D. H. Lawrence supuso todo un escándalo, hasta tal punto que fue prohibida y en Inglaterra no se publicaría hasta 1959. Puede que fuera esa prohibición precisamente lo que dotó a esta novela del prestigio de ‘clásico’ que indudablemente tiene siendo como es una obra relativamente reciente .

‘La nuestra es una época esencialmente trágica, por eso nos negamos a tomarla trágicamente. El cataclismo ya ha ocurrido, nos encontramos entre ruinas, comenzamos a construir nuevos y pequeños lugares en que vivir, a tener nuevas y pequeñas esperanzas. Es un trabajo duro: no tenemos ante nosotros un camino que conduzca al futuro, pero evitamos o superamos los obstáculos. Tenemos que vivir por muchos que sean los cielos que hayan caído sobre nosotros’.

Una novela con este comienzo merece ser considerada un ‘clásico’. Como casi todas las novelas con comienzos tan impactantes, lo normal es que a medida que avanza el relato la intensidad vaya decayendo. Porque es muy difícil superar semejante párrafo que sigue siendo válido casi 100 años después y que seguirá siendo válido por los siglos de los siglos.

Pero vayamos al lío. ¿De qué va El amante de Lady Chatterly? Si te digo que es una novela erótica y que precisamente fue prohibida en su época por narrar escenas sexuales explícitas tal vez te defraude a estas alturas de la película (o a estas alturas de la novela erótica). También puede ser una novela filosófica por la cantidad de reflexiones que se insertan entre escarceo y escarceo de la Señora Chatterly; o una novela social, por el panorama fiel con que describe la sociedad de la Inglaterra en los comienzos del siglo XX. Lo que desde luego no es es una novela romántica, algo curioso porque el amor aparece poco o nada en este relato de sexo, amantes e infidelidades.

Lady Chatterly se siente vacía y sin vida por la vida monótona que lleva con su marido Clifford. Monótona y carente de actividad sexual, ya que el Señor Chatterly está en una silla de ruedas incapacitado de cintura para abajo. Heridas de guerra, de la Primera Guerra Mundial. La indiferencia que siente este matrimonio en cuestión de emociones el uno por el otro es abrumadora, pero al menos es equitativa. No hay amor, hay un contrato matrimonial y una aceptación de las circunstancias vitales adversas.

Poco a poco, ambos se van dando cuenta de que aceptar sin más esas condiciones adversas, traducido en una falta de sexo conyugal, les hace tremendamente infelices, especialmente a Lady Chatterly. Y es en este contexto donde aparecen las reflexiones sobre el sentido de la vida que con gran detalle y parsimonia nos ofrece D. H. Lawrence.

Advierto. Esta novela erótica con sugerente título que promete acción a raudales tiene poca, muy poca acción, tal vez en solidaridad con la incapacidad física de uno de sus protagonistas. Seamos solidarios con el Señor Chatterly y vayamos despacio. El amante protagonista de la novela es el guardabosque Mellors, un tipo apuesto y rudo que no tiene nada que envidiar a los protagonistas de la novela erótica actual. Y tan machista, también, pero no le podemos acusar de semejante característica por una cuestión de adaptación al contexto de la obra.

La señora Chatterly no se enamora precisamente del guardabosque. Ni el guardabosque de ella. Tampoco es que la pasión desborde las páginas en sus encuentros, se trata más bien de una necesidad entre ellos que empezó siendo carnal y terminó por ser vital. Pero amor en el sentido estricto de la palabra, hay poco. Y mucho menos aún en el sentido saludable del término. Entonces, ¿dónde está la acción en esta novela? Ya he advertido que hay poca.

El tema sobre el que gira El amante de Lady Chatterly son las reflexiones de los dos protagonistas, Clifford y Constance Chatterly, a modo de escusa para que el autor escupa su crítica social solapada entre las miserables vidas de los Chatterly. Podría considerarse la infidelidad como argumento central, o tal vez el sexo en sí mismo, pero toda la intriga desaparece teniendo en cuenta que el Señor Chatterly aprueba y comprende la infidelidad de su mujer (aunque no tanto con quién es infiel).

Con un final abierto (atentos guionistas de series) esta novela deja un regusto agridulce. Dulce porque los clásicos se disfrutan en su esencia, que permanece invariable con o a pesar del tiempo. Agrio por la narración lenta, por las disertaciones filosóficas y, sobre todo, por la expectativa tan alta que crea ser un ‘libro prohibido’.

Laberintos

Temo que se me olvide porque tengo mala memoria, así que me lo voy a llevar. Cuando me vaya, porque yo siempre me voy, me llevaré la sensación de mis pies en el agua mientras te observo de reojo cómo te metes al mar. De reojo, sí, así es como te miro porque tengo miedo de caer fulminada de adoración si me vuelves a sonreír así. No te quiero mirar mucho por si me enloquecen las lineas de expresión que se alborotan en tus ojos cuando te ríes, por si me ciego con tu mirada chispeante cuando estas divertido o por si acaso cuando cantas como un loco canciones que aborrezco me enamoro sin querer de ti. Pero aunque no te mire, mis dedos ya recorren solos el contorno de tu nariz. Esa nariz perfectamente imperfecta, dura, sexy, atrevida, segura, impasible. También me la llevo entre mis dedos. Y la tensión de tu mano abierta sobre mi nuca empujándome con fuerza hasta tu pecho con esa contundencia en la que quiero adivinar cierta ternura. Todo eso me lo llevo, con eso lleno mis maletas, porque ahora tengo que seguir mi viaje.

Laura Vélez

Viajar por Creta al encuentro de los dioses

Pocos dudan ya de que Creta es una isla mágica. Tal vez aquellos que se han aventurado a conocer el mundo griego desde un crucero no hayan podido percibir la verdadera esencia de las islas, pero incluso algunos de ellos han sentido la llamada de los dioses olímpicos y han vuelto en otra ocasión con más calma y con menos horarios estipulados.

Viajar por Creta, viajar en compañía o viajar sola. O solo, pero ahora está más de moda viajar sola y Creta es uno de esos destinos ideales para convertir el viaje en un auténtico sueño. Porque en Creta nuca viajas sola, te acompañan los dioses. Aleja tus esquemas vitales por un momento y podrás sentir su presencia.

Cuando te encuentras a Zeus en Creta

No vamos a repetir los motivos por los que la isla de Creta es el hogar de Zeus porque ya lo hemos comentado muchas veces en este blog. Que Zeus pasara su infancia en las montañas del Ida da para un artículo posterior sobre el magnetismo de un pueblo especial como es Anogia. Pero eso, insistimos, es para otro día. Hoy venimos a repasar la estrecha relación de algunos dioses con la isla de Creta.

Como Creta es el hogar de Zeus, su isla preferida, no es extraño que muchas de sus aventuras más conocidas tuvieran lugar en esta isla. En aquella ocasión en la que el señor del Olimpo raptó a Europa, ambos acabaron viviendo una larga temporada en Creta. Aquí tuvieron a sus hijos, entre ellos el gran Minos que tantas páginas de mitología nos ha regalado y nos continuará regalando.

Nos encontramos así, con el ojo penetrante de Zeus sobre tus pasos cuando caminas por la costa cretense, no te vayas a encontrar con el abrazo abrasador del gigante Talos, cuando te acercas a las montañas en busca de la cueva donde pasó su infancia y casi te parece escuchar las flautas de los Curetes con las que acallaban el canto del bebé que un día sería el mandamás del Olimpo o simplemente cuando intentas cuadrar la genealogía de un lugar u otro del mito en este isla que al final acaba relacionado de manera inevitable con Zeus.

La huella de Poseidón en Creta

Pero no vayamos a pensar que por ser Creta la isla mimada de Zeus los demás dioses no han querido participar de una forma u otra a aumentar la magia de esta tierra. Sus pedregosas montañas, que marcan el carácter indomable cretense y ese manto de olivos verdes que cubre toda la isla no serían tan indomables, ni tan salvajes, ni tan auténticos, sin esa presencia constante de Poseidón, amenazadora y tranquilizadora según cómo se encuentre tu alma en ese preciso momento en el que te enfrentas cara a cara con el dios de los mares.
Las playas de Creta, las larguísimas playas del norte, las cristalinas playas del sur, las más turísticas, aquellas que se salvan de la masificación, las capaces de mantener en un equilibrio casi demencial el paisaje intacto, con la gastronomía más tradicional en medio de un mar azul turquesa. Eso es obra de Poseidón, un regalo del dios de los mares que parece tener con esta isla de Creta tanta afinidad como Zeus. O tal vez sea una más de sus competiciones. ¿Quién consigue estar más presente en la isla? La respuesta quedará en el aire porque hoy en día ya no nos fiamos de las encuestas.

Y no conseguirás escapar de la presencia de Afrodita en Creta

Pero ni Zeus ni Poseidón. Tal vez la deidad que más te encuentres en la isla de Creta sea Afrodita. Afrodita, que es la diosa de la pasión y del deseo, sabe de amor tan poco como el resto de los mortales; ella se ocupa de infundir deseo, de apasionar al mundo, una tarea nada despreciable pero que no tiene nada que ver con el amor. Del amor se ocupa su vástago demente Eros, con sus flechitas lanzadas sin ton ni son y, para que engañarnos, sin ningún tipo de criterio. Pero estos son los dioses que manejan nuestros sentimientos y de momento no han inventado otros.

En cualquier caso, Afrodita, con su túnica azul, su pelo rubio y sus lazos dorados se pasea por toda la isla para que en tu viaje te lleves de recuerdo apasionadas noches y amaneceres encendidos de deseo. Te gustará el encuentro con Afrodita en el viaje a Creta, tal vez no te guste tanto si por un casual, los dioses no lo quieran, te encuentras con el demente Eros y te lanza una de sus flechas sin orden ni concierto.

Aunque para olvidar el desastre que pueda provocar el diosecillo Eros, siempre tendrás a tu lado a Dionisos, que será conocido por ser el dios de vino, pero aquí en Creta te lo encuentras bebiendo rakí como un cretense más. No dudes en acompañarle y compartir unos tragos con él.

Laura Vélez.

Vía Volver a Grecia

‘La isla’ de Victoria Hislop

La editorial Debolsillo recupera La isla, el gran éxito de la escritora británica Victoria Hislop. Hablamos de un éxito a nivel mundial que ha encumbrado a esta escritora a los altares literarios pero, sobre todo, hablamos de un éxito arrollador en Grecia que ha convertido la novela en una serie de televisión con la máxima audiencia.

Los griegos se muestran encantados de retomar uno de sus episodios más oscuros reconvertido en una emotiva historia de esperanza, amor y superación. La isla se adentra en el recuerdo de esa antigua leprosería que fue la isla de Spinalonga, un reducto para esconder una enfermedad vergonzante capaz de marcar para siempre el destino de muchas familias.

Victoria Hislop nos presenta a una joven inglesa con orígenes griegos, Alexis, que viaja hasta Creta y poco a poco va descubriendo un secreto familiar estrechamente relacionado con la isla de Spinalonga y cuantos allí fueron confinados. Una novela escrita en dos tiempos que va ascendiendo por el árbol genealógico presentándonos a los miembros de una familia enigmática. Si bien esta forma de tratar una historia familiar puede parecer tan recurrente, el secreto se encuentra en la narrativa de la escritora, que con los elementos más típicos, como pueden ser el romanticismo, el misterio, los secretos familiares y la emotividad, consigue construir un relato capaz de llegar al corazón del lector. Así, los griegos quedaron rendidos a La isla de Victoria Hislop.

La imprescindible visita a Spinalonga
Pero no solo los griegos han caído rendidos al encanto de “esta isla” de Victoria Hislop. Al éxito televisivo de la serie, se une todo un entramado de marketing turístico que hace de Spinalonga una visita obligada para todo aquel viajero que visite Creta. Los lectores del libro reviven el relato leído, mientras que los que aún no conocen la novela corren a adquirir un ejemplar tras la visita.

Y es que en los escasos 20 minutos que dura la travesía en barca hasta Spinalonga da tiempo para meterse en el contexto de la novela, viajar hasta principios del siglo XX e imaginar lo diferente que se vería para un enfermo de lepra la imagen de la imponente fortaleza acercándose a su vida lista para un encierro sin fecha de caducidad. Porque nadie que entrase en Spinalonga tenía asegurada su salida.

Spinalonga empezó siendo un reducto de leprosos, un lugar donde esconder la vergüenza y el peligro, un trozo de tierra reservado para aquellos para los que no había esperanza. Con el tiempo, los enfermos que habitaban en la isla convirtieron Spinalonga en su hogar y crearon una comunidad donde todo era posible, hasta mantener la esperanza. El descubrimiento de la cura para la lepra dejó Spinalonga deshabitada, pero Victoria Hislop ha revitalizado sus calles, sus plazas, sus escaleras y sus casas para disfrute de cuanto turista curioso quiera acercarse.

Una visita que no deja indiferente a nadie por el contraste entre la belleza del lugar y la triste historia que encierra. Aunque a pesar de las miserias vividas allí, en Spinalonga prevalece el espíritu de la supervivencia y de la superación y, tal vez sea eso, lo que hace de la visita a este lugar una experiencia mágica e irrepetible.

Laura Vélez

Vía: http://greciaenloslibros.blogspot.com.es/2013/07/spinalonga-la-isla-de-victoria-hislop.html