Instinto

Lo intentamos inventando un caos en el que los dos nos pudiéramos encontrar. El pelo despeinado, los besos desordenados, las sábanas siempre del revés; la ropa sembrada por el suelo, sonrisas a destiempo y miradas distraídas para confundir. En ese caos encontrábamos nuestro orden, aunque no el equilibrio. El equilibrio lo perdíamos al primer roce, la piel que se negaba a aceptar ningún orden por más disfrazado de caos que estuviera, porque esa piel solo aceptaba una orden: la del instinto animal.

Laura Vélez

La diferencia entre un compañero de vida y un novio

No vendría mal revisar el concepto tradicional de pareja porque a la vista está que no funciona de forma saludable. Saludable es una palabra que utilizamos menos de lo que deberíamos aplicado al amor. Sin embargo, su contrario, que es tóxico, está a la orden del día en cuestión de relaciones.

Es precisamente lo que queremos evitar, las relaciones tóxicas donde pierdes tu libertad, tu independencia y tu personalidad en nombre de un amor mal entendido. Tener un novio no es lo negativo, lo negativo es la idea que tenemos de lo que es un novio. O una novia. Por eso introducimos el concepto de compañero de vida en contraposición al novio convencional que viene al rescate de ese amor saludable del que hablábamos antes.

Por unas relaciones más saludables apostamos por un compañero de vida antes que por un novio (aunque al final la terminología ceda el paso a la práctica). Un compañero de vida con el que el amor, el cariño, el respeto, la admiración, el apoyo y la química sean bidireccionales y con el que no quepa la manipulación, la anulación, el chantaje emocional no los celos. Te explico más acerca del compañero de vida en Diario Femenino.

Laura Vélez

Come, reza, ama de Elizabeth Gilbert

Mujer treintañera en plena crisis existencial de viaje por el mundo. Es difícil no sentirse identificada de inmediato con la protagonista/autora de esta novela de éxito arrollador al que acompañó la película interpretada por Julia Roberts y Javier Bardem.

Todo en Come, reza, ama rezuma éxito y se trata, sin duda, de una narración de fácil digestión teniendo en cuenta incluso todos aquellos pasajes que se pueden atragantar a las personas alérgicas a la espiritualidad. Podríamos estar ante un peculiar género literario que podríamos denominar novela romántica de autoayuda. Como no nos olvidamos del carácter autobiográfico de la obra, lo mínimo es quitarse el sombrero por la valentía de la autora para desnudarse en público y compartir sus experiencias.

El hecho de que esté narrado en primera persona ayuda a empatizar con la protagonista desde el minuto uno. El resto de sus características también son compartidas por la mayoría de las mujeres de hoy en día que viven en esa etapa de los 30 en adelante. Una profesión, un divorcio, la dificultad para superar ese divorcio, amantes y, especialmente, la búsqueda de una misma. Es inevitable no sentirse identificada en algún momento de la novela.

La protagonista inicia un viaje, un viaje trascendental para ordenar su vida interior, algo que no todos se pueden permitir, pero que ha pasado por la cabeza de la mayoría de las personas en algún momento de su vida. Y qué bien sentaría a un interior atormentado o confuso pasar un año viajando por el mundo, disfrutando, conociendo, descubriendo.

El primer destino es para comer: Italia. Un país en el que la protagonista se dedica a los placeres mundanos, descartando el sexo por voluntad propia. Así que solo queda comer y beber. A placer. Disfrutar del país mediterráneo y encontrar un placer en cada rincón no es difícil y supone toda liberación. Pero más liberada se sentirá la protagonista en la siguiente etapa del viaje.

La segunda parada es para rezar: India. Estos capítulos pueden provocar cierto escozor a quienes no practicamos los rezos, ni la meditación ni nos ocupamos de nuestra parcela vital más espiritual, pero el libro lo deja claro desde el principio. No está orientado a ninguna religión en concreto, sino a esa especie de credo interior que la protagonista desarrolla  para encontrar calma, paz. Amén.

La tercera y última parada del viaje es para amar: Indonesia. Para bien o para mal, a un libro de éxito no podía faltarle su episodio romántico, algo que la protagonista encuentra en Indonesia de una forma bastante forzada desde el punto de vista narrativo. Pero es que no solo los caminos de dios son insondables, también los del amor.

Retales rescatados de Come, reza, ama que merecen mucho la pena

Lo cierto es que Come, reza, ama toca temas que a todos nos interesan. La búsqueda de una misma, superarse, superar una ruptura, aprender a gestionar las emociones, manejar la soledad, la depresión, la ansiedad…Por eso resulta interesante rescatar algunos pasajes cuando la autora se pone en plan manual de autoayuda para superar el desamor.

‘A mí no me ha salvado ningún príncipe; de mi rescate me he encargado yo solita’.

Desde luego merece la pena lanzar este tipo de mensajes que rompan un poco con el ideal de amor romántico y patriarcal, aunque se quede en la teoría y el hilo narrativo no lleve esto a la práctica.

‘El otro inconveniente de columpiarte por las viñas del pensamiento es que nunca estás donde estás. Siempre estás escarbando en el pasado o metiendo las narices en el futuro, pero sin detenerte en un momento concreto’.

Especialmente dedicado para aquellos que han sufrido en sus oídos el típico consejo de ‘es que piensas demasiado’. Más de uno se sentirá identificado en esta frase por verse en la antesala de la depresión o de un trastorno de ansiedad. Aprender a gestionar las emociones es tan importante como aprender a ser conscientes del momento presente.

‘Pues échalo de menos. Mándale luz y amor cuando te acuerdes de él y olvídate del tema’.

Este brillante consejo se lo dan a nuestra protagonista y, sin duda, resulta de lo más tentador. Estamos a la espera de comprobar si funciona en la práctica o no.

Y para terminar, también una brillante receta para curar el desamor o un corazón roto.

‘Vitamina E, dormir mucho, beber mucha agua, viajar lejos de la persona amada, meditar y decirle a tu corazón que es cosa del destino’.

Laura Vélez

Juego de Tronos en el Olimpo

Firme defensora como soy de los orígenes griegos de la cultura occidental y llevando este convencimiento hasta extremos inimaginables, me permito jugar con el título de este post en alusión directa a una de las series que absorben mi interés últimamente.

Y es que antes de conocer el panteón olímpico como lo conocemos, con sus doce dioses agrupados todos bajo los designios del granZeus, asumiendo este orden patriarcal sin que se viera amenazado, el Olimpo fue escenario de cruentas guerras por conseguir el trono.
Asesinatos, incestos, torturas, parricidios, traiciones, conjuras y crueldades de los que ni siquiera la casa Lannister sería capaz se sucedieron hasta que Zeus consiguió sentarse en el trono del Olimpo y establecer el orden deseado.

Reinado y destronamiento de Urano

La Madre Tierra, que surgió del Caos, fue el punto de partida del mundo. En origen divinidad principal y única, pero femenina, quedó relegada a un segundo plano ante la irrupción del modelo patriarcal. Sea como fuere, ella sola dio a luz a Urano, separando así con este nuevo dios el cielo de la tierra. Pero en ocasiones se unían, porque es bien sabido que el Cielo cubre por completo la tierra, y engendraron así a los Hecatonquiros (gigantes de 100 manos), a los Cíclopes y a los Titanes.

Los abusos de poder de Urano durante su reinado provocaron una guerra entre éste y la Madre Tierra, que nunca aceptó verse sometida. Así fue como la Tierra conspiró junto con sus hijos para destronar a su padre. No fue otro que el Titán Cronos, quien empuñando una hoz se atrevió a llevar a cabo la tan comentada castración de Urano.

Las curiosidades que surgen de este acto brutal, fuera merecido o no, son infinitas. Dicen, por ejemplo, que Cronos sujetó los genitales de su padre con la mano izquierda, lo que explicaría el rechazo que esa mano ha sufrido en muchas culturas y épocas. Los genitales de Urano, según cuentan, fueron arrojados al mar con el fin de estimular la reproducción de los peces, y el nacimiento de la propia Afrodita pudo estar relacionado con este sangriento episodio. Las que sí surgieron de esta sangrienta venganza, fueron las Erinias que nacieron de las gotas de sangre que cayeron sobre la Tierra.

El reinado de Cronos

Y es entonces cuando Cronos se sentó en el trono y se unió a su hermana Rea para formar la que luego sería la familia de los Olímpicos. El nuevo soberano fue advertido por su padre agonizante, Urano, del hecho de que uno de sus hijos le destronaría. Así que convertido en icono del amor paternal, decidió devorar a sus hijos según iban naciendo. Fueron naciendo y posteriormente engullidos por su padre Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón.

Pero cuando le llegó el turno de nacer a Zeus, su madre Rea estaba ya harta de ver desaparecer a sus hijos en el vientre de su hermano y a la vez marido. Su idea fue inmejorable; una vez dio a luz a Zeus, envolvió una piedra en pañales y se lo entregó a Cronos, quien se lo tragó en todos los sentidos pensando que era su hijo recién nacido.A Zeus lo ocultaron en una cueva en Creta y fue criado entre ninfas y cabras, protegido por los Curetes que cantaban y entrechocaban sus lanzas para amortiguar el llanto del bebé y que no llegara a oídos de Cronos.

La cuna dorada donde instalaron a Zeus recién nacido, estaba colgada de un árbol para que su padre Cronos nunca pudiera encontrarla ni en la tierra, ni el cielo, ni en el mar. Y así fue creciendo Zeus alimentándose de miel y recibiendo los cuidados de ninfas del bosque, de cabras y de los Curetes.

Cuando llegó a la edad adulta, fue en busca de la Titánide Metis, poseedora de todo el ingenio y de una inmensa sabiduría, para que le diera las claves en su propósito de destronar a su padre Cronos. Luego acudió a su madre Rea quien le consiguió un puesto de copero en el palacio paterno. Así Zeus consiguió que su padre tomara un brebaje que le hizo vomitar a todos sus hermanos. Es entonces cuando empieza la guerra.

Una larga de guerra que duró diez años de Zeus y sus hermanos contra Cronos y los Titanes, liderados éstos por Atlante. Fue la Madre Tierra la que puso punto y final a esta guerra aconsejando a su nieto Zeus que liberara del Tártaro a los Cíclopes y a los Hecatonquiros. Una vez que lo consiguió, la balanza de fuerzas quedó descompensada. Los Cíclopes proporcionaron a Zeus el rayo como un arma invencible; a Poseidón le dieron el tridente y a Hades, un yelmo que le hacía invisible.

Así fue como Hades, sin ser visto gracias al yelmo, entró en el palacio de Cronos y le despojó de sus armas mientras Poseidón le amenazaba con el tridente. Finalmente, entró en escena Zeus y, con su rayo, consiguió derribar al cronida. Los Titanes fueron derrotados por los Cíclopes y los Hecatonquiros a base de piedras y rocas y, posteriormente desterrados a una isla británica, un destino que por penoso, equiparaban al Tártaro. Desconocemos la razón por la que tenían ese concepto de las islas del noroeste lejano. Peor suerte corrió el líder de los Titanes, Atlante, que fue castigado a sostener la bóveda celeste sobre sus hombros.

Los tres dioses hermanos Zeus, Hades y Poseidón, se repartieron sus dominios tras la victoria. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con el mar, y Hades con el mundo subterráneo. En esta tríada, aparentemente, el poder estaba distribuido equitativamente y uno no era superior a los otros. Así que la posterior preeminencia de Zeus, no sólo como soberano del cielo, sino como señor de todo el universo sólo puede explicarse a través de una transformación cultural de la religión donde las divinidades celestes pasaron a tener una mayor consideración que las divinidades terrestres.

Laura Vélez

La importancia de mantener la independencia en pareja

Hay personas que no creen en la pareja porque tienen un concepto obsoleto de las relaciones. Esas relaciones donde pierdes tu libertad, tu independencia y tu personalidad son relaciones tóxicas que deben terminar cuanto antes. Una pareja se construye entre dos personas y nadie más que ellos debe decidir los términos de la relación. ¿Se puede crear una relación de pareja a la medida de dos personas? Por supuesto que se puede, siempre y cuando nos olvidemos del concepto de pareja tradicional.

Y en esta forma que tenemos de enfocar las relaciones de pareja hay un aspecto fundamental que es la independencia. La independencia, económica y emocional, se debe mantener en pareja, no es necesario renunciar a ella por amor, es más, nos atrevemos a decir que no es saludable renunciar a la independencia. Si te interesa el tema de la independencia en pareja puedes leer mi artículo completo en Diario Femenino.

Laura Vélez