El laberinto junto al mar de Zbigniew Herbert

En la tierra de Zeus el plan de viaje lo marca el Olímpico.

Muchos han sido los que se han sentido fascinados por Creta y pocos los que han podido explicar dónde se encuentra la magia que te hechiza y te une para siempre a esa isla. Zbigniew Herbert (1924-1998) consigue como nadie condensar la esencia cretense en este frasco de palabras que es El laberinto junto al mar. La editorial Acantilado nos permite disfrutar de estos ‘Apuntes de un viaje por Grecia’ o ‘En la patria de los mitos’, que son los títulos alternativos que propuso el escritor polaco Zbigniew Herbert para su “laberinto junto al mar”. Un laberinto que tiene su punto de partido en la Creta minoica y que comienza, como no podía ser de otra manera, en un barco rumbo a Creta.

Herbert va diseccionando a través de sus casi 300 páginas los orígenes de la civilización occidental. En su recorrido por Grecia, se detiene especialmente en la Creta minoica, sus frescos y su significado aportando detalles interesantes en una narrativa amena y, en ocasiones, irónica, que te va atrapando como en una tela de araña. Y como en una tela de araña, de la Creta minoica, del Minotauro y de su laberinto, de Cnossos, de tablillas y de Arthur Evans, el libro se traslada a Santorini en un auténtico crucero de lujo a través de la historia griega, que es también la historia de la humanidad.

El barco de Zbigniew Herbert nos lleva también al Peloponeso, a esa Esparta desolada donde hay que poner a trabajar la imaginación para recordar tiempos pasados. Olimpia es una parada obligada en este viaje por Grecia para trasladarnos después a la Grecia más clásica, al siglo de Pericles y a la adorada Acrópolis, que es objeto de un exhaustivo recorrido por sus vivencias. Las vivencias de un edificio capaz de mantenerse en pie a pesar de las guerras que la han rozado en todo este tiempo.
No tienen desperdicio las anécdotas que encontramos en El laberinto junto al mar. A propósito de la Acrópolis, Herbert nos cuenta cómo Marco Antonio, el mismo que enamoró a Cleopatra, alimentaba su ego en el año 39 a. C. celebrando unos esponsales, dignos del mejor espectáculo televisivo, con la mismísima Atenea en la Acrópolis. Joyas como esta anécdota están estratégicamente escritas en las páginas de este laberinto que también se ocupa profusamente de Delfos y su oráculo, de Apolo y de sus pitias. Pero como no solo de Grecia vive el hombre, Herbert analiza en sus últimos capítulos los “desconocimientos” acerca de los etruscos, para poner el broche final con una clase de latín.

No se puede pedir más a este laberinto de historias, datos, anécdotas y reflexiones, porque el placer de su lectura solo aumenta las ganas de perderte en él, de perder el hilo y no salir jamás de El laberinto junto al mar.

Artículo publicado en Grecia en los Libros

Laura Vélez

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