Adonis. La belleza que envidiaban los dioses griegos

El ideal masculino de belleza nos llega a través de Adonis, este personaje que la mitología ensalzó hasta hacerlo merecedor de la envidia de los dioses. Y del amor de la diosas.

‘Es un Adonis’. La frase está perdiendo popularidad por otras más modernas como ‘es un cañonazo’ o el también clásico ‘está buenísimo’. Hablamos de hombres atractivos, sexys, bellos hasta decir basta, tan hermosos que llega a doler.  Sabemos bien que en  la mitología griega ya existía el concepto de MAF (moreno altamente follable) y estaba personificado en Adonis.

El hombre más bello del mundo

El nacimiento de Adonis nos deja uno de los relatos más sobrecogedores de la mitología. Nos situamos en Siria, donde Mirra, la hija del rey Tías engaña a su padre instigada por una Afrodita castigadora para tener relaciones sexuales con él. Padre e hija se acuestan duran doce días, momento en el que el padre se da cuenta del engaño y decide matar a su hija. Como tantas veces ocurre en la mitología griega, Mirra, al verse a punto de morir, invoca a los dioses y la transforman en un árbol, precisamente del que sale la mirra.

De la corteza de ese árbol de mirra sale unos meses más tarde un bebé precioso que la atenta Afrodita recogió para darle todos los cuidados necesarios. Ese bebé era Adonis. Como Afrodita era una diosa tan ocupada haciendo y deshaciendo pasiones tanto entre dioses como entre mortales, llevó al niño a Perséfone, cuyos súbditos del inframundo suponemos que le daban menos trabajo que a la diosa del amor. Y ahí tenemos ya a dos diosas prendadas de Adonis.

Afrodita quería que le devolviera al niño, ahora ya joven, de una belleza sobrenatural. Pero Perséfone no estaba dispuesta a dejar escapar a su ‘toy boy’ particular. Las diosas se enzarzaron en una pelea a la que puso fin Zeus estipulando que Adonis pasaría cuatro meses con Perséfone, cuatro con Afrodita y el resto con quién él decidiera. Lógicamente el joven prefirió quedarse con la diosa del amor, como cualquier dios o mortal haría. Sin desmerecer los encantos de Perséfone, la señora de los muertos.

Esta predilección de Adonis por Afrodita le costó la vida. Pero ya sabemos que las relaciones de mortales con dioses acaban siempre como el rosario de la aurora. El caso es que Ares, el dios de la guerra y también amante oficial de Afrodita, estaba bastante descontento con la aparición de ese joven tan hermoso en la vida de su diosa. Ahora Afrodita no tenía tanto tiempo para el dios guerrero porque prefería disfrutar del joven Adonis y una tarde que el joven estaba cazando en el bosque, Ares envió un jabalí que acabó con la vida del hombre más bello del mundo.

Adonis y Narciso

En ningún relato de la mitología se sitúan juntos los jóvenes Adonis y Narciso, pero a nosotros nos resulta inevitable no relacionarlos, ya que ambos jóvenes si por algo perviven en la memoria colectiva es por su espectacular belleza. Podríamos añadir a Helena en esta tríada de bellos mortales que causan admiración hasta en los dioses.

Al igual que Narciso, Adonis también pervive en el ámbito de psicología. Si el complejo de Narcisa revela a una persona pagada de sí misma, egocéntrica y petulante, el complejo de Adonis se centra más en la propia fugacidad de la belleza. Hoy vemos a muchas personas con este llamado complejo de Adonis en los jóvenes adictos al gimnasio y a la vida sana obsesionados por una supuesta perfección corporal.

Laura Vélez

Vía: Volver a Grecia

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