Los besos que te hacen más feliz

Parece que hay un Día Internacional del Beso y también un Día del Primer beso, de ahí que nos hayamos acordado a estas alturas de que no teníamos ninguna oda al beso. Y eso no se puede consentir. Pasamos un poco del primer beso y de todo el mito que le rodea, lo mismo que de esa primera vez que tienes relaciones sexuales porque generalmente no hacen historia por méritos propios, sino por ser la primera vez. Pasamos de ellos porque tenemos otros besos mejores para recordar y otros más que aún nos quedan por dar.

Esto es un beso

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El beso de buenos días, el beso de buenas noches, el beso de bienvenida, el beso de despedida, el beso tímido, el beso apasionado, el beso sin beso, el beso que te folla…todos los besos cuentan, hasta esos besos que no diste. ¿Qué es un beso? Un beso es la forma de comunicarse que tienen los labios. Los labios hablan, los labios chupan, los labios succionan sentimientos, palabras y alimentos. Las funciones de los labios son de lo más versátiles, aunque la mejor de todas ellas es la de besar.

Se besa de labios a labios. Pero los labios también pueden besar la frente, los párpados, la nariz, el cuello, los hombros, la espalda. Y el resto. Los labios saben besar a otros labios y al resto de la piel, desde el principio hasta el final. Incluso saben besar al aire. Esos labios que se lanzan a lo lejos o esos otros que evitan las mejillas y se quedan en un limbo corporal. Sea como sea, se trata de besos.

Nos gustan los besos sin más. No necesitamos una excusa para hablar de los besos, pero es que nos han contado ¡ay¡ que los besos te hacen más feliz. Y nos hemos propuesto comprobarlo. Besar y ser besadas, besar todos los días, besar a la pareja, a los amigos, a la familia. Besar a ese desconocido que te has ligado en un bar. Cuidado con los desconocidos, que los besos nunca se roban. En cambio, sí se pueden pedir como cantaba Pepe Risi en aquella canción: ‘Dame un beso, eres como la espuma de mar’

Para qué sirven los besos

Los besos también tiene su utilidad práctica. A ver si pensabas que en esta vida se besa por besar. Pues también, también. Pero además el beso tiene innumerables beneficios para la salud, como mejorar la circulación sanguínea y actuar como analgésico. Incluso se observan potentes estimulantes en los besos a la hora de mejorar la autoestima y se rumorea que los besos bien dados, los besos con ganas, adelgazan. Todo sea por mantener la línea.

Las funciones del beso son variadas. Besos para decir ‘te quiero’, besos de consuelo, besos de alivio, besos también de adiós. Los besos mantienen la conexión entre dos personas. Hablamos de amor o de cualquier otro tipo de relación interpersonal. Los besos sirven para decir ‘estoy aquí contigo’ y también para decir otras cosas más íntimas. Los besos sirven como preliminares, el aperitivo, entre plato y plato. Besos con la boca llena. Pero sobre todo, los besos sirven para ser feliz.

Muchos besos.

Laura Vélez

 

 

El SEO que domina el mundo

Los que escribimos textos en Internet llevamos intuyendo desde hace tiempo el nuevo orden mundial. El SEO domina tu vida, aunque no te des ni cuenta, aunque no sepas qué es el SEO.

Si no sabes lo que es el SEO, no te preocupes, que yo te lo contaré. Cuando empecé a escribir para revistas online, entendí a la primera que escribir en Internet no es lo mismo que escribir para ti, para una publicación en papel o para la revista de la Universidad. Más por intuición que por formación, comprendí que la escritura en Internet tiene algunas particularidades.

La primera particularidad es el párrafo. Se imponen los párrafos más cortos porque leer en una pantalla un párrafo largo te da una sensación de infinitud que es contraria a la naturaleza de Internet, a donde acudes precisamente por su inmediatez. Que el lector no vea el final del párrafo en su pantalla hará que piense que se va a eternizar leyendo ese artículo y lo más seguro es que abandone la página. Malo.

La segunda particularidad es el lenguaje. Más conciso y más sencillo. Cierto es que te puedes permitir algunos alardes de cultureta para darle un poco más de consistencia al texto, pero el lenguaje en Internet ha de ser asequible a cualquier nivel de comprensión. O casi a cualquiera. Porque el objetivo del texto es que llegue a todo el mundo. Si el lector cree que el lenguaje es demasiado técnico o incomprensible, abandonará la página. Malo.

La tercera particularidad es que no te puedes andar por las ramas, algo que a mí me encanta hacer, al menos en el primer párrafo. Ese primer párrafo corto y escrito en un lenguaje sencillo ha de contener la información esencial para el lector, es decir, aclararle sin divagaciones lo que se va a encontrar en los siguientes párrafos cortos. Si no se lo aclaras al principio, el lector abandonará la página. Malo.

Luego hay que tener en cuenta otros aspectos lógicos que varían según el tipo de texto que escribas. La fluidez, contrastar la información, información veraz, enlaces o links a otros artículos de interés, el tono, tener en cuenta al mayoritario público potencial y, por favor, que no se nos olvide: párrafos cortos.

Con todas estas instrucciones en mi mente, aún me quedaba una particularidad más de escribir en Internet, una en la que no cabe la intuición y que a veces se lleva mal con el resto de las premisas que necesita un texto para ser decente gramaticalmente hablando. Se trata del SEO. El caballo de batalla de todos los redactores y fuente inagotable de pesadillas.

Pero qué es el SEO

La Wikipedia nos arroja algo de luz sobre qué es exactamente el SEO (Search Engine Optimization): ‘El posicionamiento en buscadores, optimización en motores de búsqueda u optimización web es el proceso técnico mediante el cual se realizan cambios en la estructura e información de una página web, con el objetivo de mejorar la visibilidad de un sitio web en los resultados orgánicos de los diferentes buscadores. También es frecuente encontrar la denominación en inglés, search engine optimization, y especialmente sus iniciales SEO’.

Espero que haya quedado claro. Por si acaso no, SEO es todo ese trabajo entre bambalinas, en mente y en teclado, que hace que tu texto sea del gusto de Google y se adapte a la perfección a sus volubles criterios para un mejor posicionamiento. Ya hemos señalado que el fin último de un texto en Internet es que sea leído por el mayor número de personas posible y esto solo se consigue si el texto está bien posicionado, esto es, si aparece entre las primeras opciones cuando realizas una búsqueda en Internet. Que el texto además sea útil y esté bien escrito ya se considera un milagro. Aquí lo que importa es el posicionamiento.

Y para un SEO perfecto, el redactor debe intuir, conocer o buscar las palabras clave del texto, las keywords. Aquí es cuando cambia tu vida, la del redactor de forma consciente y la del lector de forma inconsciente. Las palabras clave adquieren una importancia tal en nuestras vidas que últimamente me he dado cuenta de que cada vez más gente habla en SEO o solo comprende si la hablas en SEO.

‘Hablar en SEO’ es acortar las frases, ser conciso, utilizar un lenguaje asequible al nivel cultural más bajo y, especialmente, introducir palabras clave. Porque no solo el lector, el oyente también se queda con las palabras clave. En un mundo donde estamos más pendientes del teléfono móvil que de nuestro interlocutor, las palabras clave son las únicas capaces de conseguir la atención.

Haz la prueba. Tú estás hablando, divagando como solías hacer en la era previa a Internet y la persona que está a tu lado asiente con la cabeza y hace como que te escucha mientras contesta un Whatsapp, pone tres ‘like’ en Facebook o sube a Instagram la foto de las cervezas que os estáis tomando. De pronto tú cambias el tono, acortas las frases y ¡zas! metes así como por casualidad una palabra clave, la que creas digna de interés para tu interlocutor. Y tu interlocutor levanta la vista de su Smartphone y te mira. Bravo. Has conseguido llamar su atención gracias a una palabra clave que ni siquiera venía a cuento en lo que estabas diciendo.

Pero ahí está, el poder de las palabras clave también en una conversación. Una vez que has conseguido la atención que mereces, ahora que ya tienes un buen posicionamiento, solo te queda mantenerla, no vaya a ser que tu interlocutor decida que lo que hablas no es de su interés y se busque otra página. Así que recuerda, frases cortas, palabras clave y no hagas pausas, que no tenemos tiempo que perder.

Laura Vélez

Cuando tu pareja cambia de repente

Una vez tuve un novio adorable. Se llamaba…no me acuerdo cómo se llamaba, pero era un amor. Salíamos con las manos entrelazadas o paseábamos agarrados de la cintura. Me miraba, me sonreía, me besaba y cuando me abrazaba, yo me estremecía desde el alma hasta las lágrimas. Éramos muy felices, era mi sueño de novio, adorable, sexy, sociable, cariñoso, funcional y el sexo…el sexo bien, gracias. Pasamos seis meses de amor inimaginable, pero un día pasó algo terrible.
Me fui a pasar el fin de semana con mi mejor amiga y, durante mi ausencia, un extraterrestre llegó desde el espacio exterior, se plantó en casa y engulló a mi novio. Claro está que no vi todo eso, pero sí que noté a mi vuelta cierta transformación en mi novio adorable. Estaba, por así decirlo, menos adorable.
Pasaron los días y fui comprobando que apenas podía reconocer a mi novio adorable. Se comportaba de forma extraña, apenas me miraba, se olvidaba de sonreírme, de decirme que me quería y llegó el día en que dejó de dormir conmigo porque estaba más cómodo en el sofá. Decía. Y yo le creía pero con suspicacia. Pero es que yo todavía no sabía que se lo había comido un extraterrestre.
Me di cuenta de que era un extraterrestre el día que mi novio empezó a despreciarme y a gritarme. Porque cuando me gritaba de su cabeza salían unos rayos verdes y amarillos. Y todo el mundo sabe que cuando los extraterrestres se irritan emanan un resplandor verde y amarillo. Ahí me di cuenta yo, que no era mi novio adorable, sino un extraterrestre.
– ¿Quién eres tú y por qué te has comido a mi novio adorable?- le decía yo a aquel tipo que tenía enfrente.
Y el cabrón del extraterrestre se reía y se reía. Y se reía más cuando me empezaban a salir las lágrimas de la impotencia.
– ¡Devuélveme a mi novio adorable!- así le suplicaba yo a aquel ser inhumano.
Pero el extraterrestre no tenía compasión ni de mí ni de mi novio adorable, que estaba acurrucado en la vesícula podrida del extraterrestre sin poder moverse pero viéndolo todo.

¿Que por qué os cuento todo esto? Porque el cambio repentino en una pareja es un fenómeno que no por inexplicable deja de ser muy frecuente. Y seguimos con la duda, y seguimos muy bien sin saber qué hacer. Y además, seguimos analizando el extraño suceso en este artículo de Diario Femenino.

Contradicciones de una feminista en el amor y en el sexo

La RAE no se moja a la hora de definir el feminismo y lo hace como ‘ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres’. Partiendo de esta definición, no creo que haya muchas personas en contra del feminismo.

Pero parece que el asunto es un poco más complicado y si por una parte el feminismo está de moda, por otra parte la confusión reina sobre lo que es feminismo y lo que no. Personalmente me declaro feminista hasta la médula, pero me temo que soy de las feministas sin carnet debido a mis contradicciones internas. El terreno más resbaladizo es el del amor y el sexo, en el que más dudas tengo, en el que los conflictos entre mi feminismo y la cultura patriarcal que me han inculcado chocan hasta convertirse en una tragicomedia sin final.

Me consuela que no me pasa solo a mí. Me consuela ver la confusión general sobre comportamientos aceptables o no, esos que te otorgan el honor del carnet de feminista o te arrebatan la posibilidad de defender públicamente la igualdad. Lo que no me consuela es la batería de preguntas sin respuesta que generan todas esas contradicciones.

Hace unos meses estampé mi firma en una de esas campañas de Change.org para retirar el videoclip de un músico de cuyo nombre no quiero acordarme. La letra y la escenografía eran claramente ofensivas para cualquier mujer y no dudé en firmar esa petición. Las dudas llegaron unas horas después cuando me puse a escuchar a uno de mis grupos preferidos, Burning, y me encontré reconociendo que algunas de sus letras también estaban teñidas de cierto color machista. Luego llegaría la noticia de un estudio en la misma línea sobre el machismo que destilaban las letras de un cantautor tan reconocido como Joaquín Sabina.

Las contradicciones de una feminista

La pregunta se me agarró a la mente y aún no la he resuelto, ¿puede una feminista escuchar música? A esa pregunta siguieron otras muchas contradicciones mías y ajenas que he recopilado por si alguien es capaz de responder.

– ¿Puede una feminista leer 50 sombras de Grey y decir públicamente que lo ha leído? Porque no es muy feminista reconocer el peligro que supone que tantas y tantas mujeres quieran poner a un Grey (indiscutiblemente un tipo trastornado y poco saludable sexual y sentimentalmente)  en su vida y al mismo tiempo reconocer el impacto positivo que ha supuesto la lectura masiva del libro en la vida sexual de muchas mujeres que hasta entonces no se habían parado a pensar en su propia sexualidad.

-¿Puede una feminista tener de fondo de pantalla a un actor porno como James Deen? Cuidado que con el porno hemos topado. Y nos lleva a otra pregunta, ¿es menos feminista Amarna Miller que Barbijaputa?

-¿Puede una feminista creer en el amor? Se habla de deconstruir el ideal de amor, que es algo parecido a lo que hace Ferrán Adriá con la tortilla de patata, es decir, que es amor pero sin que lo parezca.

-¿Puede una feminista heterosexual enamorarse de un hombre con toques machistas?, ¿existe algún hombre en este planeta que no tenga un gramo de machismo? Porque todos (y todas) nos hemos educado en una sociedad machista. El punto, supongo, es ir bajando el nivel de tolerancia de comportamientos machistas, pero, también supongo, nadie está completamente libre o completamente limpio de algún rastro machista.

-¿Puede una feminista estar soltera y querer sexo? y vamos más allá, ¿se puede permitir una feminista en un momento dado confundir sexo con amor? O tal vez también hay que deconstruir la idea que tenemos del sexo.

-¿Puede una feminista soñar con un vestido de novia y una relación de pareja para toda la vida o tiene qué probar sí o sí los experimentos con el poliamor?

Lo que sí parece claro es que el feminismo no es un pensamiento único y que cada cual hace de su capa un sayo. Un individualismo en defensa de las libertades personales que nos lleva a otra contradicción por dejar la sororidad o la hermandad,  tan necesaria, en un segundo plano. Pero al fin y al cabo, ¿el feminismo no va de que seamos las mujeres las que podamos decidir sobre nuestra propia vida?

Ni qué decir tiene que se agradece cualquier comentario que arroje luz sobre estas contradicciones.

Laura Vélez

La crisis de los 40: ¿mito o realidad?

Circula una leyenda urbana acerca de la crisis de los 40 y no estamos seguros de si es mito o realidad. El debate sigue abierto y los investigadores siguen afanándose en encontrar una explicación. Y frente a la ambigüedad, los testimonios particulares y las experiencias personales avalan la existencia de una crisis vital alrededor de los 40 sin descartar la posibilidad de una crisis existencial permanente.

Poco antes de cumplir 40 años

Como nací en un frío mes de diciembre y como parte de mi actividad se desarrolla en las redes sociales, especialmente Facebook, tuve que asistir con desesperada curiosidad a la celebración del 40 cumpleaños de todos mis compañeros de colegio, instituto y universidad. Me lo tomé como un castigo del Karma como otro cualquiera hasta que tuve que empezar a tomármelo con lorazepán.

Durante meses asistí virtualmente a través de sus muros de Facebook a los fiestones que mis excompañeros se daban con motivo de su 40 cumpleaños. Me sorprendió que si bien otros años no necesariamente mencionaban en sus tartas el número de años vivido, en esta ocasión lo pregonaban con un orgullo que yo estaba lejos de sentir. 40. Cuarenta. Cuarentones. Cuartentañeros.

La angustia vital se iba apoderando de mí a medida que avanzaban los meses y se sucedían las fiestas de cumpleaños. Yo iba a ser la siguiente y el nudo en el estómago se hacía cada vez más grande. No es que tuviera pensado dejar de comer Nutella porque precisamente es una de mis mejores aliadas para combatir la angustia vital, pero el nudo me preocupaba y acudí al médico.

Por suerte el médico me conoce bien, algo que indica que el carácter de ese ‘por suerte’ es malo y me tranquilizó haciéndome ver que si yo siempre cumplía 19 años jamás sufriría la crisis de los 40. Igualmente me recetó lorazepán para calmar la angustia y flogoprofén para mis maltrechos músculos adolescentes. Me fui a casa tan contenta sintiéndome a salvo de la crisis de los 40 hasta que abrí el Facebook y me encontré con la enésima celebración de cumpleaños. Por favor, basta ya.

El día que cumplí 40 años

Con la madurez de una persona que todos los años cumple 19 sobrellevé la tormenta como pude hasta que llegó mi cumpleaños y lo dediqué a reflexión. Buceé en mi honestidad y me reconocí por unas horas que tenía 40 años, pero la náusea no me impidió seguir reflexionando y haciendo recuento. 40 años, dos carreras universitarias sin terminar, tres idiomas hablados a medias, solvencia económica para echarse a llorar, sin pareja y sin ganas de ella, sin hijos y sin ganas de ellos, sin haber plantado un árbol en toda la vida, el libro aún sin terminar…

Evidentemente estaba sufriendo una crisis. La temida crisis de los 40 llamaba a mi puerta y entraba sin esperar a que la abriera, así de maleducada es la crisis de los 40. Que tienes 40 años, señora, y ¿qué has conseguido en la vida? Nada. Entonces me di cuenta, entre bocado y bocado de tarta de Nutella, que tal vez no había conseguido lo que se esperaba de mí. Pero que en realidad lo tenía todo. Tenía 40 años a las espaldas llenos de experiencias, lugares y personas que valían mucho la pena. Tenía una pasión que supe convertir en medio de vida y, sobre todo, tenía toda la vida por delante para seguir viviéndola.

Laura Vélez