10 razones para ver Outlander

Hay vida más allá de Juego de Tronos y por aquí nos hemos hecho una maratón de Outlander. ¿No la conoces? Te damos 10 razones para ver Outlander.

Hace poco una amiga que contó que le encantaría ir a Escocia y alojarse en un castillo encantado con fantasma de highlander incluido. Yo, que a veces destaco por mi ignorancia suprema, no tenía ni idea de lo que era un highlander. Así que me puse a investigar porque una será ignorante, pero también aplicada. Y esto es lo que encontré.

Los hihglanders son los habitantes de las Highlandas, las tierras altas de Escocia y en los últimos tiempos están cobrando protagonismo por su fama de tíos buenos empotradores, aunque no necesariamente MAF’s, ya que muchos son pelirrojos. La literatura los representa como fantasmas sexys o valientes guerreros que se pasean con su kilt o falda escocesa debajo-de-la-cual-no-llevan-nada. Y ahí es donde empiezan a disputarse el trono de símbolos sexuales con vampiros y vikingos. Y por mi parte tienen todas las de ganar.

La investigación sobre los highlanders me llevó a una agotadora lista de novelas románticas, un género que no es precisamente mi preferido y si habéis leído mi novela ‘Aterrizaje de emergencia’ ya lo deberíais saber. El caso es que una de esas sagas me llamó la atención porque iba acompañada de una serie, ‘Outlander’, que se desmarcaba del género romántico para entrar en el Olimpo de series de buen ver. Y ya no pude parar. Así que os cuento algunas motivaciones para ver esta serie del canal Starz que os dejará con la boca abierta.

1. Por el highlander

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Un tal Jamie Fraser. Sobran las palabras.

2. Por la protagonista.

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Claire Beauchamp, Claire Randall o Claire Fraser. Ella es la auténtica protagonista de la serie a la que admiramos y envidiamos a partes iguales.

3. Por la historia.

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Un poco de seriedad. La serie va de una enfermera inglesa que justo al terminar la Segunda Guerra Mundial hace por accidente un viaje en el tiempo y aterriza en 1743. Historias de amor y de guerra para todos los gustos.

4. Por la Historia.

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Sí, todos sabemos lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, pero algunos no sabíamos nada de las rebeliones jacobitas y de los Estuardo solo conocíamos a María.

5. Por el paisaje.

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Perdón, se nos ha escapado el prota. Queríamos decir que la serie está ambientada en Escocia, tierra de lluvias y paisajes verdes capaces de enamorar a cualquiera.

6. Por el sexo.

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Protagonistas de Oultander escasos segundos antes de ponerse al tema.

7. Por el amor.

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Bueno, por más erótica que sea esta escena, podemos asegurar que también hay mucho amor.

8. Por los libros.

La serie está basada en la saga ‘Forastera’ de Diana Gabaldón. El tamaño de los libros puede dar un poco de pereza, pero enganchan que da gusto.

9. Por la 3ª temporada.

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El 10 septiembre en EEUU, aquí ya estaremos a 11. Da tiempo de sobra a ponerse al día.

Actualización: ¡Ya está aquí!

10. Por el highlander.

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Ya sé que esta razón está repetida, pero creo que merece la pena la pena insistir.

Que disfrutéis de Outlander, hermosuras.

Laura Vélez

 

 

 

 

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Casandra, de Christa Wolf

La novela de Christa Wolf es algo más que una revisión de la figura de Casandra. La profetisa troyana nos habla de mitología, de feminismo y de guerra.

‘¿Por qué quise sin falta el don de la profecía? Hablar con mi propia voz: lo máximo.’
Edición Diario El País, 2005.

A Christa Wolf le tocó vivir la época convulsa de la posguerra precisamente en esa Alemania dividida tras la Segunda Guerra Mundial. Escribió Casandra ya en 1985 y es sin duda su novela más leída por muchas razones. Aclaramos quién es Casandra en la mitología griega para situar al lector.

Casandra en la mitología griega

Casandra es una profetisa troyana, hija precisamente del rey de Troya, Príamo. Tenía la particularidad de que sus profecías nunca eran creídas. Es decir, ella tenía visiones, tenía sueños y era capaz de predecir el futuro, entre otros acontecimientos predijo el desastre de Troya, pero nadie la creía. El motivo que aparece en los textos de mitología para esa falta de persuasión hacia su audiencia se encuentra en una maldición hecha por el dios Apolo, el encargado de la adivinación y las profecías. Parece ser que Apolo le otorgó a la chica el don de la profecía a cambio de favores sexuales a los que, una vez conseguido el don, Casandra se negó. La rebeldía no podía quedar impune y de ahí que Apolo la condenara a que nadie creyera sus predicciones jamás.

Sin embargo hay un motivo más evidente para que tomaran a Casandra por una loca y nunca la tuvieran en cuenta: era mujer. Era mujer en la antigua Grecia; o en Troya, pero para el caso es lo mismo. De ahí que la figura de Casandra se haya considerado posteriormente como el paradigma de la mujer que se atrevió a hablar. Mientras los hombres intentaban silenciarla a ella y a todas las mujeres.

La Casandra de Chirsta Wolf

Christa Wolf nos presenta a una Casandra justo a su llegada a Micenas. La puerta de los leones le da su funesta bienvenida porque, como buena profetisa, sabe que va a morir. (Lo siento, no hay spoilers en cuestiones de mitología). La novela es un monólogo con tintes de tragedia griega y con grandes dosis de lirismo. Casandra nos relata en primera persona no solo sus emociones, sino todos los acontecimientos que la han llevado hasta allí.

Como personaje central de la guerra de Troya, por el monólogo de Casandra se pasean los personajes habituales que conocemos gracias a la tradición homérica. Héroes como Ulises, Agamenón, Menelao o Diomedes. La bestia (según palabras de Casandra) Aquiles y Eneas, el único hombre al que ha amado en su vida y con el que tiene una conexión especial que no desaparece en toda la novela.

También nos muestra a un rey Príamo que vive en sus mundos de fantasía completamente influenciado por Eumelo, artífice de todos los malentendidos que provocaron la caída de Troya. Más hombres se pasean por la cabeza de la profetisa, Pántoo, su compañero en el templo de Apolo, el adivino Calcante, que se pasa al bando griego y su adorado Anquises, el hombre más cabal que aparece en estas páginas.

Pero sobre todo Casandra habla de mujeres. Esas mujeres que la mitología escondió y que ella se empeña en darles voz. Clitemnestra, la que pondrá fin a la vida de Casandra obligada por las circunstancias, Hécuba y transformación a lo largo de los años de una mujer fuerte y poderosa a una mujer doblegada por el poder patriarcal. Pártena, Arisbe y Marpesa que la enseñan otra forma de vida donde las mujeres son protagonistas. Y, por supuesto las amazonas, que acuden a la guerra como aliadas de los troyanos y que tienen un único objetivo en la vida:
‘Vale más morir luchando que vivir como esclavas’

El contexto de Casandra

Casandra sabe que va a morir. Casandra llega a Micenas como esclava de Agamenón, como botín de guerra. Y antes de morir, rememora toda su vida en apenas 160 páginas en las que nos muestra todo el contexto de la época. La guerra de Troya, el sinsentido de la guerra, la vida en pausa debido a la guerra. El motivo de la guerra: Helena.

Una Helena que en la novela de Christa Wolf se convierte en el fantasma que apuntaron en su día algunas teorías. Helena nunca llegó a Troya, los troyanos jamás vieron a la hermosa mujer por la que estaban en guerra. Helena, que se quedó en Egipto. Helena como mentira para comenzar una guerra, porque lo que de verdad querían los griegos y por lo que luchaban los troyanos era por el control del estrecho de los Dardanelos. Pero sin Helena, Homero no nos hubiera cantado como nos cantó. Sin Helena, griegos y troyanos no hubieran alcanzado la gloria eterna. Y sin Casandra, griegas y troyanas no hubieran podido alzar la voz.

Laura Vélez

Dionisos, el exceso hecho dios

El Dios de los placeres etílicos y sexuales es uno de los habitantes del Olimpo más aclamados por los mortales.

Dionisos es un dios controvertido que parece no encajar bien en la morada olímpica. No en vano los demás dioses nunca disimularon su desprecio y recelo ante este advenedizo que podía acabar con el orden establecido que tanto les había costado lograr después de largas luchas por el trono olímpico. Y es que Dionisos es el especialista en convertir cualquier orden instaurado en el más absoluto caos.

Así fue el nacimiento de Dionisos

La polémica rodeó a este dios desde su nacimiento, que fue un tanto extraordinario. Su madre fue Sémele, princesa de Tebas hija de Cadmo y Harmonía, y una de las muchas mujeres en las que Zeus centró su atención. Durante mucho tiempo, Zeus adquiría su forma de mortal y cada noche visitaba a Sémele en tórridos encuentros sexuales.

Tal era el deseo que Zeus sentía por Sémele que un buen día le hizo una de esas promesas que hacen los amantes; le prometió que le concedería cualquier cosa que le pidiera. Así que Sémele le pidió que se mostrase ante ella en su forma original, es decir, que le mostrase su divinidad, sin saber que la manifestación divina ante un mortal sólo tiene un resultado y es la destrucción.

Como Zeus se vio obligado a cumplir su promesa, Sémele cayó fulminada por el principal atributo del olímpico, el rayo, y no pudo sobrevivir al encuentro. Zeus actuó con rapidez y sacó de su vientre a Dionisos, que aún estaba en el sexto mes de gestación. Para completar los nueve meses, Zeus, cosió a su hijo a uno de sus muslos y esperó a que estuviera formado para hacerlo nacer.

¿Muerte o resurrección?

Tanta atención por el hijo de Sémele, despertó la ira de Hera, que perseguiría a Dionisos durante mucho tiempo con la intención de hacerlo desaparecer. Y casi lo consigue cuando la esposa de Zeus ordenó a los Titanes que capturaran al pequeño. Los Titanes no sólo lo apresaron, sino que lo despedazaron y pusieron a hervir todos los pedazos, mientras de las gotas de sangre nacía un granado, árbol cuyo fruto simboliza tanto la muerte como la promesa de resurrección.

De la caldera donde hervían fueron rescatados y reconstruidos los pedazos de Dionisos por su abuela Rea y, tras este sangriento episodio, Zeus transformó temporalmente a su hijo en un macho cabrío para esconderlo de la furia de Hera. Así fue criado Dionisos, metamorfoseado en macho cabrío, por las Ménades en el Monte Nisa y allí fue donde inventó el vino.

Poco tiempo después, Hera descubrió al escondido Dionisos y arremetió contra él de nuevo, esta vez, volviéndolo loco. Por eso estuvo Dionisos vagando por todo el mundo con su ejército de Sátiros y Ménades, armados con sus tirsos y sembrando el terror allí por donde pasaban con sus delirios orgiásticos, instaurando el caos etílico y proponiendo un nuevo culto religioso.

El nuevo dios arrastraba a la población, en principio a mujeres entusiasmadas, es decir, poseídas por el dios, a un éxtasis ritual, a una desmesura donde el orden y la razón dejaban paso a los impulsos liberadores y sexuales dando lugar a un festival de exceso y caos.

Vino, éxtasis, locura, delirio, orgía, bacanal, exceso… Son las palabras que vienen indisolublemente ligadas a Dionisos y que hacen las delicias de los poetas malditos. Pero sin duda, la característica principal de este dios tan especial es la dualidad.

Se trata del único dios que ha experimentado la muerte y la resurrección, por lo que su vinculación con el mundo de los muertos es tan activa como con el de los vivos. Se trata también del único dios que interactúa con los mortales sin esconderse en otra piel, mostrándose en toda su divinidad. Su dualidad persiste por ser el dios que enlaza la religión ctónica, la que surge de la tierra, con la religión uraniana, la del cielo, donde moran los olímpicos.

Es capaz de ser el dios más oscuro del universo olímpico, a la vez que arroja una brillante luz a los mortales a través de sus rituales liberadores. Es el dios que pone frente a frente la ciudad organizada, la pólis, con la naturaleza más salvaje.

El culto a Dionisos

Una de las características fundamentales de los ritos dionisiacos era su celebración en el monte o en el bosque. Para ello, Dionisos sacaba de la ciudad a las mujeres provocándolas un estado de entusiasmo o de posesión, liberándolas de sus roles cívicos de esposas y madres y arrastrándolas hasta el monte donde se convertían así en las Bacantes del dios.

Una vez en el monte comenzaban los rituales orgiásticos, el éxtasis liberador no sólo de carácter sexual, aunque también, donde los allí presentes podían trasladar al plano de lo real sus impulsos más primarios y oscuros. Dionisos aparecía disfrazado de macho cabrío, todo un símbolo de fecundidad y lujuria en muchas épocas y culturas, y daban comienzo las orgías sagradas y liberadoras.

Se trataba de un éxtasis sexual pero también violento y cruel donde las Ménades y las Bacantes atacaban, asesinaban y despedazaban a las víctimas sacrificales, que no podían ser sino machos cabríos, para después comerse los pedazos crudos. Acto que no debería extrañarnos demasiado en cuanto que la ingestión del cuerpo de Dionisos significa la perfecta comunión con el dios, tal y como hace el cristianismo.

Y todo este ritual de Ménades, Sátiros y Bacantes en plena naturaleza donde dan rienda suelta a sus más escondidos anhelos y donde establecen una comunicación directa y violenta con Dionisos a través del macho cabrío, nos lleva inevitablemente al origen de la Tragedia Griega. Una palabra, Tragedia, cuyo significado literal viene a ser “canto del macho cabrío”, o esa es, al menos, una de las muchas propuestas para su origen etimológico. Sin olvidar tampoco que el acto trágico está rodeado de un poderoso halo de crueldad donde no faltan asesinatos, incestos, desmembramientos, canibalismo, desorden y desmesura y donde lo inevitable sobrepasa incluso a los propios dioses.

Así era el advenedizo dios al que todos los demás dioses miraban con recelo. Dionisos era el dios peligroso, desestabilizador, oscuro, por su capacidad de liberar los impulsos más ocultos de los mortales y acercarlos así un poco más a los dioses.

Laura Vélez

Vía: Volver a Grecia

El mito del Andrógino o la teoría de la media naranja en el amor

El mito del andrógino nos los cuenta Platón en ‘El Banquete’ por boca del cómico Aristófanes. Una teoría para volver a creer en el amor verdadero.

Si a estas alturas ya piensas que a tu media naranja se la ha exprimido otra persona o que tu media naranja sigue colgada en el árbol tratando de madurar o que en realidad eres un medio limón y por eso no hay forma de que encajes con una media naranja, queremos darte un consejo: Sigue buscando. Porque según la antigua leyenda del andrógino, hay una mitad por ahí destinada a ti. Lo que no dice la leyenda es dónde buscarla.

La naturaleza andrógina de los seres humanos

 

El mito del andrógino nos lo cuenta Platón en “El Banquete”, aunque por boca del siempre genial Aristófanes. El cómico nos descubre la antigua naturaleza humana que explica precisamente el motivo por el que nos pasamos la vida intentando encontrar a “esa persona”, a nuestra mitad, a nuestra media naranja o lo que viene a ser el amor verdadero.Parece ser que hubo un tiempo en que los seres humanos eran andróginos, unos seres de doble naturaleza, con un cuerpo circular de dos rostros, cuatro brazos, cuatro piernas, dos pares de órganos sexuales… en fin, seres redondeados que podían caminar en cualquier dirección, mirar hacia dos lados y con una fuerza multiplicada por dos.

Eran seres humanos completos y se diferenciaban en tres sexos. Había algunos plenamente masculinos, que eran descendientes del sol; había otros plenamente femeninos, que eran descendientes de la tierra; y los restantes tenían características masculinas y femeninas y eran descendientes de la luna. Esta diferenciación entre sexos de los seres andróginos explicará más adelante la homosexualidad y la heterosexualidad con fundamentos más lógicos que los que esgrimen algunos sectores de la sociedad actual.

Divide y vencerás

El caso es que estos seres andróginos poseían una fuerza importante, que en algunos casos podía equipararse a la de los titanes, y un buen día se organizaron para rebelarse contra los dioses Olímpicos. Los dioses no sabían muy bien qué hacer, porque si eliminaban a los seres humanos no tendrían quién los adorara, así que no podían liquidarlos. Pero sí podían reducir su fuerza.

Zeus cogió su rayo y partió a los andróginos por la mitad. No contento con desgajarlos, se ocupó de poner a cada mitad bien lejos la una de la otra de suerte que no pudieran encontrarse. Fue Apolo, fiel defensor de la belleza, el que se ocupó cuidadosamente de coser la herida del corte dejando la piel perfectamente lisa con el único remate final del ombligo.

En busca del verdadero amor

Desde entonces los seres humanos buscamos a nuestra otra mitad, esa que completa nuestra antigua naturaleza tal y como nos cuenta Aristófanes “Yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza solo podría llegar a ser plenamente feliz si lleváramos el amor a su culminación y cada uno encontrara el amado que le pertenece retornando a su antigua naturaleza”.

El asunto da para muchas interpretaciones y en un mundo donde cada vez es más difícil no tanto encontrar, pero sí soportar a tu media naranja, donde la soltería es un valor en alza y donde parece bastante claro que la felicidad no es cosa de dejar en manos de otra persona, no parece que este mito del andrógino vaya a tener mucho éxito. Sin embargo, hay una cosa clara cuando encuentras a tu otra mitad, aunque solo sea temporalmente, y también nos lo descubre Aristófanes “¿Acaso lo que desean no es estar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día se separen el uno del otro?”.

Laura Vélez

El Rescate de David Malouf

Lo que Homero no cantó.

La editorial Libros del Asteroide nos presenta “Rescate” de David Malouf. El escritor australiano se recrea en uno de los pasajes más conmovedores de la “Ilíada” como es el rescate del cuerpo de Héctor. Aquiles y Príamo frente a frente superando sus distancias, acercándose en sus realidades que resultan no ser tan distintas.

El rescate según Homero

El último canto de la “Ilíada” está dedicado al episodio en el que Príamo se introduce en el campamento aqueo para recuperar el cuerpo de su hijo Héctor. Recordar que el héroe Aquiles había matado al hijo de Príamo y, haciendo flaco favor a su condición de héroe y guerrero, se dedicó durante doce días a ultrajar el cadáver de Héctor. Lo llevó a su campamento en contra de todas las normas y cada día arrastraba su cuerpo por el polvo. ¿Por qué este ensañamiento que ni mortales ni dioses aprobaban? Héctor había matado en combate a Patroclo, por quien Aquiles sentía un amor especial.

Homero nos cuenta que los dioses están escandalizados ante el comportamiento de Aquiles y deciden intervenir instando a Aquiles a que devuelva el cuerpo de Héctor. De igual manera, son los dioses quienes proponen a Príamo que se acerque como suplicante a Aquiles y, llevando un gran número de riquezas, negocie el rescate del cuerpo de su hijo.

Así lo hace Príamo. Se arma de valor y espera a que llegue la noche para adentrarse con su carro lleno de riquezas en el campamento aqueo. Por suerte, Hermes velará por su seguridad hasta que se encuentre en la tienda de Aquiles. Es entonces cuando Homero nos muestra la escena de un anciano Príamo suplicante ante un Aquiles atormentado por la pérdida de su amigo Patroclo, pero emocionado por esa muestra de amor entre padre e hijo que está presenciando.

Aquiles, conmovido, acepta el rescate y devuelve a Príamo el cuerpo de su hijo Héctor, al que después de doce días, los dioses han mantenido intacto como si acabase de morir.

El rescate según David Malouf

David Malouf centra su novela en este episodio del rescate contado por Homero y nos cuenta lo que éste no nos contó. Malouf se detiene en las figuras de los dos personajes Aquiles y Príamo, en sus sentimientos más que en sus acciones, o seguramente, en los sentimientos que producen sus acciones. Asumiendo el texto de Homero, lo trasciende y desentraña las auténticas emociones de lo que allí ocurrió.

Aquiles roto por el dolor de la muerte de Patroclo; Príamo roto por el dolor de la muerte de Héctor. Vencedor y vencido, soberbio y suplicante, ambos se acercan demasiado ante la pérdida.

Aquiles que no termina de aceptar su destino de héroe glorioso y muerte cercana; Príamo que no consigue aceptar su fracaso en la derrota de su pueblo. Aquiles reconociendo que sus impulsos de héroe son crueles y le alejan de los hombres; Príamo despojándose de sus atributos reales físicamente y con ello se aproxima al mundo de los hombres.

En su encuentro, desprovisto el uno de su papel de héroe y el otro de su papel de rey, salen a la luz sus realidades, tan débiles como el resto de la humanidad, tan constreñidos por el papel que se les ha asignado, tan impotentes ante su destino que finalmente será el mismo.

La diferencia entre las dos versiones radica en que la “Ilíada” nos presenta la versión de Homero, con la emoción del mejor aedo, pero con la distancia del que cuenta lo que les ocurrió a otros. Por el contrario en “Rescate”, las emociones surgen desde los propios personajes, convirtiendo el rescate del cuerpo de Héctor en una excusa para rescatarse ellos mismos de su destino, de su propia vida.

Laura Vélez

Vía: Volver a Grecia