Rincones de Cantabria: el laberinto de Villapresente

Buscamos rincones especiales para perdernos por Cantabria y nada mejor para perderse que un laberinto. Una propuesta diferente y original para unas vacaciones en la Cantabria Infinita.

Puestos a elegir el mejor destino turístico para Semana Santa, debemos plantearnos si queremos convertir estas vacaciones en inolvidables o viajar para cubrir el expediente o lo que ahora llaman ‘postureo’. Por aquí preferimos disfrutar a lo grande descubriendo rincones especiales y de esos el norte de España está repleto. En esta ocasión nos vamos hasta Villapresente a perdernos en el laberinto.

Descubriendo el laberinto de Villapresente

Por si el lector no se había dado cuenta, nos encantan los laberintos, cuyo máximo exponente ha sido, es y será el laberinto del Minotauro. Pero hay un pequeño problema con nuestro laberinto preferido y es que está en Creta, un lugar que no podemos visitar tantas veces como quisiéramos. Sin embargo, empeñados en perdernos en un laberinto, hemos encontrado otro más cerca, el laberinto de Villapresente en Cantabria.

Este es un laberinto diferente y nos aseguran que carece de Minotauro en su centro, lo que resulta bastante tranquilizador. Pero también es un laberinto complicado, enrevesado, como buen laberinto. Estamos hablando de 4.000 pinos de unos 2 metros de altura cuidadosamente distribuidos en 5.000 m cuadrados para que el visitante se pierda cuanto quiera entre los árboles. Encontrar la salida de este laberinto es difícil, dicen, pero ahí está la gracia.

Aunque en caso de que el visitante se rinda o se haya dejado el hilo de Ariadna en casa, siempre puede llamar por teléfono al Dédalo de este particular laberinto, Emilio Pérez, que estará disponible para localizar y ubicar a cualquiera que quiera darse por vencido. Pero inténtalo una vez más, seguro que la salida está más cerca de lo que crees.

Nos fascina tanto este inmenso laberinto de árboles, como la historia que encierra su creación. Emilio Pérez ideó esta construcción para atraer turistas a su finca y darle a su hija la posibilidad de llevar un negocio propio, algo que sin duda logrará a juzgar por el interés que ha generado el laberinto de Villapresente en todos los medios antes incluso de su apertura. (Recordar en este punto que el laberinto abrirá al público a partir del 8 de abril)

Hay otros laberintos, pero no son tan grandes. Hay otros laberintos, pero no son tan verdes. Si no fuera suficiente el atractivo de pasar una tarde desconectados del mundo perdiéndonos en plena naturaleza, podemos añadir ganas con la perspectiva de una visita a la cercana localidad de Santillana del Mar, la villa de las tres mentiras porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar, pero sí tiene un encanto especial y un interés turístico y cultural de los que te hacen volver al norte en cada oportunidad.

Foto: Vía Facebook Laberinto de Villapresente

Laura Vélez

Viajar por Creta: Anogia o el refugio de Zeus

Nos vamos hasta las montañas cretenses para descubrir un lugar tan especial como Anogia, refugio de Zeus en su infancia y guardián de las tradiciones más auténticas de Creta.

Para llegar a Anogia hay que cruzar media isla de Creta y llegar hasta las montañas. Allá en el Psiloritis, se encuentra esta localidad que no llega a 3.000 habitantes con un elocuente nombre ‘tierra de arriba’ y cargado de mitología, historia y tradición.

¿Por qué Anogia?

Encontramos muchos motivos para hacer una escapada a Anogia en nuestro viaje por Creta. Tantos motivos que la escapada peligra con convertirse en una estancia más larga de lo esperado, lo que nos hace recordar dos características esenciales de la isla: improvisación y fascinación.

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Por Zeus. No se trata de un juramento. Es uno de los motivos por los que visitar Anogia, el lugar en el que Zeus encontró refugio cuando siendo un recién nacido tuvo que escapar del voraz apetito de su padre Cronos.

Por el ambiente. Y no hablamos de ambiente nocturno o de copas, eso lo dejamos para una visita a la isla de Mikonos. Hablamos del ambiente que se respira en Anogia por ser ese primer lugar al que llegas cuando bajas del cielo. Que Zeus se criara aquí se nota en el ambiente.

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Por el paisaje. Es posible que el viajero llegue ya bastante impresionado por haber llegado desde la costa cretense hasta este lugar montañoso sobreviviendo a una carretera digna de malabaristas. El trayecto merece la pena, merece la pena dejar atrás el mar, llegar hasta la montaña y volver a recuperar el mar.

Por la historia. Al margen de la leyenda de fundación de Anogia que se sitúa en el siglo XI con una anécdota típica de un icono de San Juan Bautista que insistía obcecadamente en quedarse en un lugar concreto donde más tarde levantaría su templo, la historia de Creta está ligada a la Segunda Guerra Mundial. Para situarse en el contexto histórico, nada mejor que acompañar el viaje de la lectura de ‘La batalla de Creta’ de Antony Beevor.

Por la música. La música tradicional cretense tiene su sede en Anogia por ser el lugar de donde proviene esa familia de artistas de los Xilouris, Nikos, Yiannis y Antonis, este último más conocido como Psarantonis. Porque hay vida más allá del sirtaki de Zorba el griego.

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Por la tradición. A estas alturas y antes de llegar a Anogia, cualquier turista habrá podido disfrutar ya de la gastronomía cretense. En Anogia puede seguir haciéndolo y además podrá ver en vivo y en directo cómo se elaboran a mano no solo los bocados dignos de dioses, sino también la artesanía típica del lugar.

Por la gente. Pero más peso e interés que el mismísimo Zeus, tienen las gentes de Anogia. Hombres y mujeres en Anogia van vestidos de negro, con el semblante serio y una expresión dura que contrasta con su carácter amistoso y hospitalario. La famosa hospitalidad griega tiene su máxima expresión en estas montañas donde sus habitantes te reciben a golpe de chupito de rakí y con el inevitable sonido del choque de las cuentas del komboloi.

Laura Vélez

Rincones de Cantabria: la Fuentona de Ruente o la casa de la Anjana

Nos acercamos hasta uno de los rincones mágicos de Cantabria para encontrarnos con las hadas de la mitología cántabra. Nos vamos hasta la Fuentona de Ruente a la casa de la Anjana.

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Hace frío; o fresco, porque estamos en el norte de España. Cantabria es una de esas Comunidades Autónomas en las que la promoción turística deja mucho que desear por más que vaya acompañada de su infinitud. La ‘Cantabria infinita’ de la que hablan los folletos turísticos es mucho más que el contraste entre montaña y mar y mucho más que las cuevas prehistóricas. Si Cantabria es infinita es porque contiene una magia que proviene directamente los seres sobrenaturales que habitan en sus bosques: las Anjanas.

La Fuentona de Ruente

El Valle de Cabuérniga es uno de los rincones más emblemáticos de Cantabria no solo por su impresionante paisaje, sino también por preservar las tradiciones locales. En este valle a orillas del Río Saja hacemos parada en Ruente, una localidad de especial interés que se llena de turistas y domingueros en busca de esas raíces mitológicas que conserva Cantabria.

No vamos de senderismo en esta ocasión, porque para conocer la casa de la Anjana basta con caminar unos pocos metros desde el puente medieval que da la bienvenida al visitante. Ese puente que enmarca el abundante caudal de la Fuentona es el punto de partida hacia una de las leyendas populares más enigmáticas. Siempre hay agua bajo esa fuente, siempre mana agua desde el nacimiento de la Fuentona excepto en esas escasas ocasiones que sin motivo aparente un buen día amanece seco. Y a las pocas horas, o al día siguiente, el agua vuelve a fluir como por arte de magia.

Este fenómeno geológico tiene sus estudios científicos, pero fundamentalmente viene avalado por la mitología. La Anjana que habita allí mismo, a unos metros, en el nacimiento de la Fuentona se ha enfadado por algún motivo (¿quién conoce los motivos de las anjanas?) y ha frenado el caudal del agua para llamar la atención de los lugareños, que asombrados por la repentina sequía del arroyo, empiezan a temer los peores presagios.

Las Anjanas en la mitología cántabra

Pero no hay nada que temer de estas Anjanas, ya que son hadas bondadosas, aunque de carácter voluble como todos los seres sobrenaturales. Las Anjanas, bien conocidas gracias a los textos costumbristas del escritor Manuel Llano, habitan las fuentes y los ríos de Cantabria. Rodeadas de aguas frías y de bosques, peinan sus largas melenas a la espera de que algún alma atormentada acuda a ellas en busca de consuelo. Y siempre encontrarás consuelo en una Anjana.

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El carácter benefactor y amistoso de estas hadas es innegable, ya que ha sido capaz de vencer el menosprecio de estos seres mágicos por parte de la tradición católica que un día las hizo culpables de los robos de alimentos en los hogares mientras sus moradores acudían a misa religiosamente. Fueron rumores infundados, malas lenguas que intentaron sin éxito reducir el poder mágico de las Anjanas.

Hoy, restaurado el honor de estas hadas de los bosques, es el mejor momento para acudir hasta la Fuentona de Ruente en busca de consuelo para cualquier mal del espíritu. Las Anjanas son expertas en curar el mal de amores, dicen. Ellas bendicen a los enamorados y maldicen el desamor, así que en tu mano está, viajero, llegar hasta la entrada de la cueva de la Anjana y dejar que sea ella la que valore si tu corazón es puro. Y tus intenciones.

Un día en la Fuentona de Ruente

Cada vez son más los turistas que llegan el domingo para pasar el día en Ruente. Sin duda, el lugar dispone de restaurantes suficientes para albergar el flujo de visitantes ávidos de probar la gastronomía local, gastronomía variada y rica que es imposible abarcar ante la contundencia del plato estrella: el cocido montañés que te dejará saciado el estómago, pero no el recuerdo, por lo que tendrás que volver.

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Lo ideal es evitar el fin de semana para disfrutar por entero de este rincón de Cantabria. De esta forma, no te llevarás el recuerdo del bullicio dominguero y sí la sensación de bienestar de un solitario paseo por Ruente dejándote envolver por las brumas norteñas que en este lugar en concreto llevan el aroma de las hadas. Sí, puede que haga frío, tal vez llueva, pero siempre puedes templar el día en un local de difícil definición pero de seguro encanto. La Oca en el Océano es el lugar que mejor resume la belleza de la zona, donde tomar un chocolate caliente o un té, donde comer un dulce casero de obligada subida a Instagram o donde adquirir un recuerdo con estilo alejado de los típicos souvenirs.

Laura Vélez

 

De viaje por los palacios minoicos de Creta

Nos vamos hasta la mágica isla de Creta, retrocedemos hasta el segundo milenio antes de Cristo y nos plantamos cara a cara frente al mismísimo Minotauro. Los laberintos de los palacios minoicos en Creta.

Aún hoy sigue siendo difícil establecer una cronología precisa para señalar la cultura minoica, una cultura muy particular que ejerce una especial fascinación en este sitio ‘Volver a Grecia’, ya que en esta época se basan tantos y tantos sucesos mitológicos. Pongamos de forma aproximada el año 3000 a. C. y también el año 1400 a. C. para hablar de esta cultura que adoramos por estos lares. Luego, después de los minoicos, llegarían los micénicos. Y mucho más tarde llegaría Arthur Evans para hacernos partícipes de su creatividad e ingenio, no siempre acertados, a la hora de reconstruir la cultura minoica.

El palacio de Knossos: el laberinto del Minotauro

Para el lector despistado recordamos a grandes rasgos la historia del Minotauro, encerrado en un laberinto del que era tan imposible salir que el propio constructor, Dédalo, tuvo que salir volando (literalmente) de él. El Minotauro tenía una particular dieta alimenticia que consistía en jóvenes atenienses, un detalle que apunta tanto a la supremacía de la Creta minoica sobre otros lugares del Egeo como a una supuesta tradición de sacrificios humanos.

Entonces llegó Teseo, príncipe ateniense, héroe griego en todo su esplendor, dispuesto a acabar con el poder minoico, promocionar la cultura micénica y, ya de paso, instaurar la semilla del patriarcado. Teseo se fue directo al palacio de Knossos para enfrentarse al Minotauro pero el problema en sí no era matar al bicho, sino encontrar la salida del laberinto. Y como los héroes griegos son muy héroes, pero siempre necesitan a una mujer para lograr sus hazañas, ahora entra en escena Ariadna.

Ariadna vivía en Knossos, con su padre Minos, su madre Pasífae y su medio hermano el Minotauro y era la poseedora de ese ovillo mágico, el hilo de Ariadna, que utilizó Teseo para encontrar la salida del laberinto. En agradecimiento, Teseo prometió a Ariadna que la llevaría a Atenas con él para después dejarla abandonada en la isla de Naxos. Nada nuevo bajo el sol en una actitud muy propia de héroe.

El simbolismo del laberinto

Que podamos revivir toda esta historia entrando en el palacio de Knossos es todo un lujo que no debemos dejar pasar, como tampoco debemos dejar pasar el simbolismo de este mito en concreto y el del propio laberinto. Si el visitante que se adentra en el palacio de Knossos es incapaz de reconocer un laberinto en él es porque antes no ha mirado un plano de la planta del palacio. Aseguramos que la construcción del palacio se asemeja a un laberinto. Y la siguiente pregunta es ¿por qué un palacio en forma de laberinto?

Todos los palacios minoicos tienen una construcción en forma de laberinto, todo un símbolo utilizado en muchas otras culturas desde el principio de los tiempos. Como esa espiral en la que no sabes cuál es el principio y cuál es el final, el laberinto tiene su propia interpretación dependiendo de la época y de la cultura en la que aparezca. Parece ser que en la cultura cretense el laberinto estaba muy relacionado con la idea del tránsito entre una vida y otra, transitar por todo un laberinto en la vida para llegar al centro, morir y encontrar la salida para renacer.

Algo que podemos trasladar a la actualidad fácilmente si pensamos que la vida no es sino ese laberinto lleno de posibilidades, opciones, la elección del camino correcto o incorrecto. En algún momento encuentras a tu propio Minotauro y, o bien te enfrentas a él, te enfrentas a tus demonios, o bien intentas evitarle y seguir recorriendo las calles del laberinto. Te pierdes, no te encuentras, hay que llegar al centro antes de plantearte siquiera encontrar la salida.

Hay vida más allá del palacio de Knossos

Tal vez en una primera visita a Creta no puedas apreciar la importancia de los laberintos por toda la isla. Te pasará si te limitas a visitar el palacio de Knossos. Es cierto que es el palacio más accesible por estar en la propia capital, en Heraclio, que es el más reconstruido y, por lo tanto, el más ornamentado, pero hay vida más allá de Knossos.

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El palacio de Malia, por ejemplo, ese palacio donde se encontró la famosa abeja que verás por toda la isla en forma de joya de oro, es uno de esos palacios minoicos en los que merece la pena perderse. Rodeado de olivos, no es difícil que la imaginación te lleve a aquellos tiempos lejanos en los que los escribas anotaban en las tablillas de arcilla todo lo que entraba en los almacenes de palacio. Los olivos también ayudan en una particular visita por la historia cretense.

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Y una visita al palacio de Festos conseguirá que te olvides por completo de la artificial reconstrucción de Knossos. Festos es el palacio minoico por antonomasia, lugar de origen de otro de los hallazgos arqueológicos convertidos en souvenir de obligada adquisición, el disco de Festos, una espiral sin descifrar para confundirte un poco más en este laberinto minoico. Muy cerca de Festos está otro importante yacimiento minoico, Hagia Triada, por no hablar de los lugares para el descanso que te encuentras en los alrededores, como Matala y sus cuevas que en su día fueron un asentamiento hippie, un día que parece tan lejano como la época minoica.
En el palacio de Festos no es difícil visualizar a una gran parte de la sociedad minoica disfrutando de alguna festividad en la que el toro fuera el protagonista. Pero en los días nublados y oscuros, te pueden llegar reminiscencias de una sacerdotisa minoica blandiendo el labrys cretense, el hacha de doble filo que se utilizaba en los sacrificios rituales.

Laura Vélez

Vía: Volver a Grecia

Viajar por Creta al encuentro de los dioses

Pocos dudan ya de que Creta es una isla mágica. Tal vez aquellos que se han aventurado a conocer el mundo griego desde un crucero no hayan podido percibir la verdadera esencia de las islas, pero incluso algunos de ellos han sentido la llamada de los dioses olímpicos y han vuelto en otra ocasión con más calma y con menos horarios estipulados.

Viajar por Creta, viajar en compañía o viajar sola. O solo, pero ahora está más de moda viajar sola y Creta es uno de esos destinos ideales para convertir el viaje en un auténtico sueño. Porque en Creta nuca viajas sola, te acompañan los dioses. Aleja tus esquemas vitales por un momento y podrás sentir su presencia.

Cuando te encuentras a Zeus en Creta

No vamos a repetir los motivos por los que la isla de Creta es el hogar de Zeus porque ya lo hemos comentado muchas veces en este blog. Que Zeus pasara su infancia en las montañas del Ida da para un artículo posterior sobre el magnetismo de un pueblo especial como es Anogia. Pero eso, insistimos, es para otro día. Hoy venimos a repasar la estrecha relación de algunos dioses con la isla de Creta.

Como Creta es el hogar de Zeus, su isla preferida, no es extraño que muchas de sus aventuras más conocidas tuvieran lugar en esta isla. En aquella ocasión en la que el señor del Olimpo raptó a Europa, ambos acabaron viviendo una larga temporada en Creta. Aquí tuvieron a sus hijos, entre ellos el gran Minos que tantas páginas de mitología nos ha regalado y nos continuará regalando.

Nos encontramos así, con el ojo penetrante de Zeus sobre tus pasos cuando caminas por la costa cretense, no te vayas a encontrar con el abrazo abrasador del gigante Talos, cuando te acercas a las montañas en busca de la cueva donde pasó su infancia y casi te parece escuchar las flautas de los Curetes con las que acallaban el canto del bebé que un día sería el mandamás del Olimpo o simplemente cuando intentas cuadrar la genealogía de un lugar u otro del mito en este isla que al final acaba relacionado de manera inevitable con Zeus.

La huella de Poseidón en Creta

Pero no vayamos a pensar que por ser Creta la isla mimada de Zeus los demás dioses no han querido participar de una forma u otra a aumentar la magia de esta tierra. Sus pedregosas montañas, que marcan el carácter indomable cretense y ese manto de olivos verdes que cubre toda la isla no serían tan indomables, ni tan salvajes, ni tan auténticos, sin esa presencia constante de Poseidón, amenazadora y tranquilizadora según cómo se encuentre tu alma en ese preciso momento en el que te enfrentas cara a cara con el dios de los mares.
Las playas de Creta, las larguísimas playas del norte, las cristalinas playas del sur, las más turísticas, aquellas que se salvan de la masificación, las capaces de mantener en un equilibrio casi demencial el paisaje intacto, con la gastronomía más tradicional en medio de un mar azul turquesa. Eso es obra de Poseidón, un regalo del dios de los mares que parece tener con esta isla de Creta tanta afinidad como Zeus. O tal vez sea una más de sus competiciones. ¿Quién consigue estar más presente en la isla? La respuesta quedará en el aire porque hoy en día ya no nos fiamos de las encuestas.

Y no conseguirás escapar de la presencia de Afrodita en Creta

Pero ni Zeus ni Poseidón. Tal vez la deidad que más te encuentres en la isla de Creta sea Afrodita. Afrodita, que es la diosa de la pasión y del deseo, sabe de amor tan poco como el resto de los mortales; ella se ocupa de infundir deseo, de apasionar al mundo, una tarea nada despreciable pero que no tiene nada que ver con el amor. Del amor se ocupa su vástago demente Eros, con sus flechitas lanzadas sin ton ni son y, para que engañarnos, sin ningún tipo de criterio. Pero estos son los dioses que manejan nuestros sentimientos y de momento no han inventado otros.

En cualquier caso, Afrodita, con su túnica azul, su pelo rubio y sus lazos dorados se pasea por toda la isla para que en tu viaje te lleves de recuerdo apasionadas noches y amaneceres encendidos de deseo. Te gustará el encuentro con Afrodita en el viaje a Creta, tal vez no te guste tanto si por un casual, los dioses no lo quieran, te encuentras con el demente Eros y te lanza una de sus flechas sin orden ni concierto.

Aunque para olvidar el desastre que pueda provocar el diosecillo Eros, siempre tendrás a tu lado a Dionisos, que será conocido por ser el dios de vino, pero aquí en Creta te lo encuentras bebiendo rakí como un cretense más. No dudes en acompañarle y compartir unos tragos con él.

Laura Vélez.

Vía Volver a Grecia