Dionisos, el exceso hecho dios

El Dios de los placeres etílicos y sexuales es uno de los habitantes del Olimpo más aclamados por los mortales.

Dionisos es un dios controvertido que parece no encajar bien en la morada olímpica. No en vano los demás dioses nunca disimularon su desprecio y recelo ante este advenedizo que podía acabar con el orden establecido que tanto les había costado lograr después de largas luchas por el trono olímpico. Y es que Dionisos es el especialista en convertir cualquier orden instaurado en el más absoluto caos.

Así fue el nacimiento de Dionisos

La polémica rodeó a este dios desde su nacimiento, que fue un tanto extraordinario. Su madre fue Sémele, princesa de Tebas hija de Cadmo y Harmonía, y una de las muchas mujeres en las que Zeus centró su atención. Durante mucho tiempo, Zeus adquiría su forma de mortal y cada noche visitaba a Sémele en tórridos encuentros sexuales.

Tal era el deseo que Zeus sentía por Sémele que un buen día le hizo una de esas promesas que hacen los amantes; le prometió que le concedería cualquier cosa que le pidiera. Así que Sémele le pidió que se mostrase ante ella en su forma original, es decir, que le mostrase su divinidad, sin saber que la manifestación divina ante un mortal sólo tiene un resultado y es la destrucción.

Como Zeus se vio obligado a cumplir su promesa, Sémele cayó fulminada por el principal atributo del olímpico, el rayo, y no pudo sobrevivir al encuentro. Zeus actuó con rapidez y sacó de su vientre a Dionisos, que aún estaba en el sexto mes de gestación. Para completar los nueve meses, Zeus, cosió a su hijo a uno de sus muslos y esperó a que estuviera formado para hacerlo nacer.

¿Muerte o resurrección?

Tanta atención por el hijo de Sémele, despertó la ira de Hera, que perseguiría a Dionisos durante mucho tiempo con la intención de hacerlo desaparecer. Y casi lo consigue cuando la esposa de Zeus ordenó a los Titanes que capturaran al pequeño. Los Titanes no sólo lo apresaron, sino que lo despedazaron y pusieron a hervir todos los pedazos, mientras de las gotas de sangre nacía un granado, árbol cuyo fruto simboliza tanto la muerte como la promesa de resurrección.

De la caldera donde hervían fueron rescatados y reconstruidos los pedazos de Dionisos por su abuela Rea y, tras este sangriento episodio, Zeus transformó temporalmente a su hijo en un macho cabrío para esconderlo de la furia de Hera. Así fue criado Dionisos, metamorfoseado en macho cabrío, por las Ménades en el Monte Nisa y allí fue donde inventó el vino.

Poco tiempo después, Hera descubrió al escondido Dionisos y arremetió contra él de nuevo, esta vez, volviéndolo loco. Por eso estuvo Dionisos vagando por todo el mundo con su ejército de Sátiros y Ménades, armados con sus tirsos y sembrando el terror allí por donde pasaban con sus delirios orgiásticos, instaurando el caos etílico y proponiendo un nuevo culto religioso.

El nuevo dios arrastraba a la población, en principio a mujeres entusiasmadas, es decir, poseídas por el dios, a un éxtasis ritual, a una desmesura donde el orden y la razón dejaban paso a los impulsos liberadores y sexuales dando lugar a un festival de exceso y caos.

Vino, éxtasis, locura, delirio, orgía, bacanal, exceso… Son las palabras que vienen indisolublemente ligadas a Dionisos y que hacen las delicias de los poetas malditos. Pero sin duda, la característica principal de este dios tan especial es la dualidad.

Se trata del único dios que ha experimentado la muerte y la resurrección, por lo que su vinculación con el mundo de los muertos es tan activa como con el de los vivos. Se trata también del único dios que interactúa con los mortales sin esconderse en otra piel, mostrándose en toda su divinidad. Su dualidad persiste por ser el dios que enlaza la religión ctónica, la que surge de la tierra, con la religión uraniana, la del cielo, donde moran los olímpicos.

Es capaz de ser el dios más oscuro del universo olímpico, a la vez que arroja una brillante luz a los mortales a través de sus rituales liberadores. Es el dios que pone frente a frente la ciudad organizada, la pólis, con la naturaleza más salvaje.

El culto a Dionisos

Una de las características fundamentales de los ritos dionisiacos era su celebración en el monte o en el bosque. Para ello, Dionisos sacaba de la ciudad a las mujeres provocándolas un estado de entusiasmo o de posesión, liberándolas de sus roles cívicos de esposas y madres y arrastrándolas hasta el monte donde se convertían así en las Bacantes del dios.

Una vez en el monte comenzaban los rituales orgiásticos, el éxtasis liberador no sólo de carácter sexual, aunque también, donde los allí presentes podían trasladar al plano de lo real sus impulsos más primarios y oscuros. Dionisos aparecía disfrazado de macho cabrío, todo un símbolo de fecundidad y lujuria en muchas épocas y culturas, y daban comienzo las orgías sagradas y liberadoras.

Se trataba de un éxtasis sexual pero también violento y cruel donde las Ménades y las Bacantes atacaban, asesinaban y despedazaban a las víctimas sacrificales, que no podían ser sino machos cabríos, para después comerse los pedazos crudos. Acto que no debería extrañarnos demasiado en cuanto que la ingestión del cuerpo de Dionisos significa la perfecta comunión con el dios, tal y como hace el cristianismo.

Y todo este ritual de Ménades, Sátiros y Bacantes en plena naturaleza donde dan rienda suelta a sus más escondidos anhelos y donde establecen una comunicación directa y violenta con Dionisos a través del macho cabrío, nos lleva inevitablemente al origen de la Tragedia Griega. Una palabra, Tragedia, cuyo significado literal viene a ser “canto del macho cabrío”, o esa es, al menos, una de las muchas propuestas para su origen etimológico. Sin olvidar tampoco que el acto trágico está rodeado de un poderoso halo de crueldad donde no faltan asesinatos, incestos, desmembramientos, canibalismo, desorden y desmesura y donde lo inevitable sobrepasa incluso a los propios dioses.

Así era el advenedizo dios al que todos los demás dioses miraban con recelo. Dionisos era el dios peligroso, desestabilizador, oscuro, por su capacidad de liberar los impulsos más ocultos de los mortales y acercarlos así un poco más a los dioses.

Laura Vélez

Vía: Volver a Grecia

Contradicciones de una feminista en el amor y en el sexo

La RAE no se moja a la hora de definir el feminismo y lo hace como ‘ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres’. Partiendo de esta definición, no creo que haya muchas personas en contra del feminismo.

Pero parece que el asunto es un poco más complicado y si por una parte el feminismo está de moda, por otra parte la confusión reina sobre lo que es feminismo y lo que no. Personalmente me declaro feminista hasta la médula, pero me temo que soy de las feministas sin carnet debido a mis contradicciones internas. El terreno más resbaladizo es el del amor y el sexo, en el que más dudas tengo, en el que los conflictos entre mi feminismo y la cultura patriarcal que me han inculcado chocan hasta convertirse en una tragicomedia sin final.

Me consuela que no me pasa solo a mí. Me consuela ver la confusión general sobre comportamientos aceptables o no, esos que te otorgan el honor del carnet de feminista o te arrebatan la posibilidad de defender públicamente la igualdad. Lo que no me consuela es la batería de preguntas sin respuesta que generan todas esas contradicciones.

Hace unos meses estampé mi firma en una de esas campañas de Change.org para retirar el videoclip de un músico de cuyo nombre no quiero acordarme. La letra y la escenografía eran claramente ofensivas para cualquier mujer y no dudé en firmar esa petición. Las dudas llegaron unas horas después cuando me puse a escuchar a uno de mis grupos preferidos, Burning, y me encontré reconociendo que algunas de sus letras también estaban teñidas de cierto color machista. Luego llegaría la noticia de un estudio en la misma línea sobre el machismo que destilaban las letras de un cantautor tan reconocido como Joaquín Sabina.

Las contradicciones de una feminista

La pregunta se me agarró a la mente y aún no la he resuelto, ¿puede una feminista escuchar música? A esa pregunta siguieron otras muchas contradicciones mías y ajenas que he recopilado por si alguien es capaz de responder.

– ¿Puede una feminista leer 50 sombras de Grey y decir públicamente que lo ha leído? Porque no es muy feminista reconocer el peligro que supone que tantas y tantas mujeres quieran poner a un Grey (indiscutiblemente un tipo trastornado y poco saludable sexual y sentimentalmente)  en su vida y al mismo tiempo reconocer el impacto positivo que ha supuesto la lectura masiva del libro en la vida sexual de muchas mujeres que hasta entonces no se habían parado a pensar en su propia sexualidad.

-¿Puede una feminista tener de fondo de pantalla a un actor porno como James Deen? Cuidado que con el porno hemos topado. Y nos lleva a otra pregunta, ¿es menos feminista Amarna Miller que Barbijaputa?

-¿Puede una feminista creer en el amor? Se habla de deconstruir el ideal de amor, que es algo parecido a lo que hace Ferrán Adriá con la tortilla de patata, es decir, que es amor pero sin que lo parezca.

-¿Puede una feminista heterosexual enamorarse de un hombre con toques machistas?, ¿existe algún hombre en este planeta que no tenga un gramo de machismo? Porque todos (y todas) nos hemos educado en una sociedad machista. El punto, supongo, es ir bajando el nivel de tolerancia de comportamientos machistas, pero, también supongo, nadie está completamente libre o completamente limpio de algún rastro machista.

-¿Puede una feminista estar soltera y querer sexo? y vamos más allá, ¿se puede permitir una feminista en un momento dado confundir sexo con amor? O tal vez también hay que deconstruir la idea que tenemos del sexo.

-¿Puede una feminista soñar con un vestido de novia y una relación de pareja para toda la vida o tiene qué probar sí o sí los experimentos con el poliamor?

Lo que sí parece claro es que el feminismo no es un pensamiento único y que cada cual hace de su capa un sayo. Un individualismo en defensa de las libertades personales que nos lleva a otra contradicción por dejar la sororidad o la hermandad,  tan necesaria, en un segundo plano. Pero al fin y al cabo, ¿el feminismo no va de que seamos las mujeres las que podamos decidir sobre nuestra propia vida?

Ni qué decir tiene que se agradece cualquier comentario que arroje luz sobre estas contradicciones.

Laura Vélez

La crisis de los 40: ¿mito o realidad?

Circula una leyenda urbana acerca de la crisis de los 40 y no estamos seguros de si es mito o realidad. El debate sigue abierto y los investigadores siguen afanándose en encontrar una explicación. Y frente a la ambigüedad, los testimonios particulares y las experiencias personales avalan la existencia de una crisis vital alrededor de los 40 sin descartar la posibilidad de una crisis existencial permanente.

Poco antes de cumplir 40 años

Como nací en un frío mes de diciembre y como parte de mi actividad se desarrolla en las redes sociales, especialmente Facebook, tuve que asistir con desesperada curiosidad a la celebración del 40 cumpleaños de todos mis compañeros de colegio, instituto y universidad. Me lo tomé como un castigo del Karma como otro cualquiera hasta que tuve que empezar a tomármelo con lorazepán.

Durante meses asistí virtualmente a través de sus muros de Facebook a los fiestones que mis excompañeros se daban con motivo de su 40 cumpleaños. Me sorprendió que si bien otros años no necesariamente mencionaban en sus tartas el número de años vivido, en esta ocasión lo pregonaban con un orgullo que yo estaba lejos de sentir. 40. Cuarenta. Cuarentones. Cuartentañeros.

La angustia vital se iba apoderando de mí a medida que avanzaban los meses y se sucedían las fiestas de cumpleaños. Yo iba a ser la siguiente y el nudo en el estómago se hacía cada vez más grande. No es que tuviera pensado dejar de comer Nutella porque precisamente es una de mis mejores aliadas para combatir la angustia vital, pero el nudo me preocupaba y acudí al médico.

Por suerte el médico me conoce bien, algo que indica que el carácter de ese ‘por suerte’ es malo y me tranquilizó haciéndome ver que si yo siempre cumplía 19 años jamás sufriría la crisis de los 40. Igualmente me recetó lorazepán para calmar la angustia y flogoprofén para mis maltrechos músculos adolescentes. Me fui a casa tan contenta sintiéndome a salvo de la crisis de los 40 hasta que abrí el Facebook y me encontré con la enésima celebración de cumpleaños. Por favor, basta ya.

El día que cumplí 40 años

Con la madurez de una persona que todos los años cumple 19 sobrellevé la tormenta como pude hasta que llegó mi cumpleaños y lo dediqué a reflexión. Buceé en mi honestidad y me reconocí por unas horas que tenía 40 años, pero la náusea no me impidió seguir reflexionando y haciendo recuento. 40 años, dos carreras universitarias sin terminar, tres idiomas hablados a medias, solvencia económica para echarse a llorar, sin pareja y sin ganas de ella, sin hijos y sin ganas de ellos, sin haber plantado un árbol en toda la vida, el libro aún sin terminar…

Evidentemente estaba sufriendo una crisis. La temida crisis de los 40 llamaba a mi puerta y entraba sin esperar a que la abriera, así de maleducada es la crisis de los 40. Que tienes 40 años, señora, y ¿qué has conseguido en la vida? Nada. Entonces me di cuenta, entre bocado y bocado de tarta de Nutella, que tal vez no había conseguido lo que se esperaba de mí. Pero que en realidad lo tenía todo. Tenía 40 años a las espaldas llenos de experiencias, lugares y personas que valían mucho la pena. Tenía una pasión que supe convertir en medio de vida y, sobre todo, tenía toda la vida por delante para seguir viviéndola.

Laura Vélez

Las cosas que me amargan el día, de Keka Mangas Verdes

El objetivo en esta vida es ser feliz, qué duda cabe. Pero, ¿se puede ser feliz en la impostura?, ¿hay que ser feliz por obligación?

La ilustradora Keka Mangas Verdes nos presenta su primer libro ilustrado ‘Las cosas que me amargan el día’ como el antídoto contra la felicidad impuesta y contra esa tendencia buenrollista.

Sonríe, aunque tengas un día de mierda, sonríe, verás cómo te cambia el día. Y tú sonríes aún sabiendo que tu mierda de día no va a mejorar por mucha sonrisa que le pongas, por más que añadas un azucarillo tras otro al café o por más que postees frases motivadoras en tu muro de Facebook. Así que toca ser más honestos con nosotros mismos y a eso se ha dedicado Keka Mangas Verdes en este libro en el que ilustra todas esas cosas que nos amargan el día.

Que te hablen cuando te acabas de despertar, que invadan tu espacio en el supermercado, que hagan comentarios sobre tu aspecto físico o que otra persona te diga lo que necesitas en tu vida son cosas que nos amargan el día a cualquiera. El conflicto se refleja en ‘Las cosas que me amargan el día’ en forma de cómo combatir esa molestia. ¿Actúas de forma políticamente correcta o actúas siguiendo tu instinto?

Otras veces, esas cosas que te amargan el día no llegan de otras personas, sino de forma casual y sin que puedas hacer nada por evitarlo. Algunos lo llaman Karma y se refieren a esos días en los que te levantas y descubres que no te queda café, a esos otros días en los que justo cuando sales a la calle se pone a llover o a esa lucha diaria con la cortina de la ducha que insiste en apegarse y pegarse a tu piel.

Los gurús del buen rollo tienen soluciones para cada una de estas amarguras, pero a algunos no nos sirven. Nos sirven mejor el relato y la ilustración de estas miserias cotidianas desde el sentido del humor, la ironía y la sinceridad brutal. Porque cuando algo te amarga el día, no hay frase de autoayuda que consiga mejorar la situación.

Si ya estás cansado de ser feliz por obligación, si has conseguido ser feliz aceptando que hay días amargos, este es tu libro de cabecera y lo encuentras aquí. Ten bien seguro que ‘Las cosas que me amargan el día’ no te lo amargará y tal vez te saque la carcajada que necesitas justo hoy porque te ha cagado una paloma o porque en la panadería te han llamado ‘señora’.

Laura Vélez

La chica del tren de Paula Hawkins

‘Tú no la conoces. Ella a ti, sí’

Editorial Planeta, 2015

Nos hemos merendado esta novela de intriga y misterio que se ha convertido en un best seller por méritos propios. La chica del tren, del tren de las 8:04 más concretamente, ha supuesto todo un fenómeno editorial con un éxito que no ha logrado su adaptación cinematográfica.

Con una recomendación del mismísimo Stephen King, La chica del tren no deja indiferente a ningún lector. O la odias o la amas, que es lo que suele ocurrir cuando las ventas se disparan creando una expectativa difícil de satisfacer. Le damos un visto muy bueno a esta novela de Paula Hawkins principalmente porque no la hemos leído, sino devorado.

De qué va La chica del tren

Rachel se sube cada día al tren de las 8:04 con destino a Londres. En el trayecto observa las casas de los vecinos de la calle Blenheim Road y se va imaginando sus vidas, una afición muy habitual entre los pasajeros de cualquier tren. Una de las casas que observa es la de su exmarido, al que todavía no ha superado. Otra de las casas pertenece a una pareja que ella ha ideado como feliz, incluso se ha inventado sus nombres y sus trabajos.

Hasta aquí no ha pasado nada, ¿verdad? Tenemos a una Rachel y sus pensamientos obsesivos sobre los habitantes de las casas. Tenemos también a una Rachel con problemas de alcohol y con una vida tan patética que hace imposible congraciarse con el personaje a pesar de estar narrado en primera persona. Su obcecación en no superar su divorcio y en convertirse en voyeur de la nueva vida de su exmarido con su nueva esposa y su hija no hace sino que veamos a la protagonista de la novela con cierto desdén.

A medida que avanza la novela nos vamos enterando de la verdadera vida de los observados, dejando atrás la imaginativa visión de Rachel. También en primera persona aparece Megan, la supuesta feliz pareja de Scott, que efectivamente no es tan feliz como imagina Rachel. Pero Megan tampoco consigue que el lector se ponga de su parte, y esto  no es una crítica negativa hacia la novela, sino todo lo contrario. Acostumbrados a amar a los personajes de las novelas, en La chica del tren no ocurre, no se produce ese vínculo entre lector y personajes y siempre las veremos desde cierta distancia, seguramente porque las vemos desde el tren. La tercera en discordia, la tercera voz o la tercera protagonista es Anna, la esposa del exmarido de Rachel.

Y te estarás preguntando, ¿pero cuál es la trama de La chica del tren? Adelantamos que hay una desaparición y una investigación policial. Pero la propia estructura de la novela hace que sea muy difícil comentar algunos aspectos sin reducir la intriga. Así que lo dejamos ahí. Tres mujeres, tres versiones, pero la misma historia. Este tren no lo puedes perder.

Laura Vélez