La crisis de los 40: ¿mito o realidad?

Circula una leyenda urbana acerca de la crisis de los 40 y no estamos seguros de si es mito o realidad. El debate sigue abierto y los investigadores siguen afanándose en encontrar una explicación. Y frente a la ambigüedad, los testimonios particulares y las experiencias personales avalan la existencia de una crisis vital alrededor de los 40 sin descartar la posibilidad de una crisis existencial permanente.

Poco antes de cumplir 40 años

Como nací en un frío mes de diciembre y como parte de mi actividad se desarrolla en las redes sociales, especialmente Facebook, tuve que asistir con desesperada curiosidad a la celebración del 40 cumpleaños de todos mis compañeros de colegio, instituto y universidad. Me lo tomé como un castigo del Karma como otro cualquiera hasta que tuve que empezar a tomármelo con lorazepán.

Durante meses asistí virtualmente a través de sus muros de Facebook a los fiestones que mis excompañeros se daban con motivo de su 40 cumpleaños. Me sorprendió que si bien otros años no necesariamente mencionaban en sus tartas el número de años vivido, en esta ocasión lo pregonaban con un orgullo que yo estaba lejos de sentir. 40. Cuarenta. Cuarentones. Cuartentañeros.

La angustia vital se iba apoderando de mí a medida que avanzaban los meses y se sucedían las fiestas de cumpleaños. Yo iba a ser la siguiente y el nudo en el estómago se hacía cada vez más grande. No es que tuviera pensado dejar de comer Nutella porque precisamente es una de mis mejores aliadas para combatir la angustia vital, pero el nudo me preocupaba y acudí al médico.

Por suerte el médico me conoce bien, algo que indica que el carácter de ese ‘por suerte’ es malo y me tranquilizó haciéndome ver que si yo siempre cumplía 19 años jamás sufriría la crisis de los 40. Igualmente me recetó lorazepán para calmar la angustia y flogoprofén para mis maltrechos músculos adolescentes. Me fui a casa tan contenta sintiéndome a salvo de la crisis de los 40 hasta que abrí el Facebook y me encontré con la enésima celebración de cumpleaños. Por favor, basta ya.

El día que cumplí 40 años

Con la madurez de una persona que todos los años cumple 19 sobrellevé la tormenta como pude hasta que llegó mi cumpleaños y lo dediqué a reflexión. Buceé en mi honestidad y me reconocí por unas horas que tenía 40 años, pero la náusea no me impidió seguir reflexionando y haciendo recuento. 40 años, dos carreras universitarias sin terminar, tres idiomas hablados a medias, solvencia económica para echarse a llorar, sin pareja y sin ganas de ella, sin hijos y sin ganas de ellos, sin haber plantado un árbol en toda la vida, el libro aún sin terminar…

Evidentemente estaba sufriendo una crisis. La temida crisis de los 40 llamaba a mi puerta y entraba sin esperar a que la abriera, así de maleducada es la crisis de los 40. Que tienes 40 años, señora, y ¿qué has conseguido en la vida? Nada. Entonces me di cuenta, entre bocado y bocado de tarta de Nutella, que tal vez no había conseguido lo que se esperaba de mí. Pero que en realidad lo tenía todo. Tenía 40 años a las espaldas llenos de experiencias, lugares y personas que valían mucho la pena. Tenía una pasión que supe convertir en medio de vida y, sobre todo, tenía toda la vida por delante para seguir viviéndola.

Laura Vélez

Las cosas que me amargan el día, de Keka Mangas Verdes

El objetivo en esta vida es ser feliz, qué duda cabe. Pero, ¿se puede ser feliz en la impostura?, ¿hay que ser feliz por obligación?

La ilustradora Keka Mangas Verdes nos presenta su primer libro ilustrado ‘Las cosas que me amargan el día’ como el antídoto contra la felicidad impuesta y contra esa tendencia buenrollista.

Sonríe, aunque tengas un día de mierda, sonríe, verás cómo te cambia el día. Y tú sonríes aún sabiendo que tu mierda de día no va a mejorar por mucha sonrisa que le pongas, por más que añadas un azucarillo tras otro al café o por más que postees frases motivadoras en tu muro de Facebook. Así que toca ser más honestos con nosotros mismos y a eso se ha dedicado Keka Mangas Verdes en este libro en el que ilustra todas esas cosas que nos amargan el día.

Que te hablen cuando te acabas de despertar, que invadan tu espacio en el supermercado, que hagan comentarios sobre tu aspecto físico o que otra persona te diga lo que necesitas en tu vida son cosas que nos amargan el día a cualquiera. El conflicto se refleja en ‘Las cosas que me amargan el día’ en forma de cómo combatir esa molestia. ¿Actúas de forma políticamente correcta o actúas siguiendo tu instinto?

Otras veces, esas cosas que te amargan el día no llegan de otras personas, sino de forma casual y sin que puedas hacer nada por evitarlo. Algunos lo llaman Karma y se refieren a esos días en los que te levantas y descubres que no te queda café, a esos otros días en los que justo cuando sales a la calle se pone a llover o a esa lucha diaria con la cortina de la ducha que insiste en apegarse y pegarse a tu piel.

Los gurús del buen rollo tienen soluciones para cada una de estas amarguras, pero a algunos no nos sirven. Nos sirven mejor el relato y la ilustración de estas miserias cotidianas desde el sentido del humor, la ironía y la sinceridad brutal. Porque cuando algo te amarga el día, no hay frase de autoayuda que consiga mejorar la situación.

Si ya estás cansado de ser feliz por obligación, si has conseguido ser feliz aceptando que hay días amargos, este es tu libro de cabecera y lo encuentras aquí. Ten bien seguro que ‘Las cosas que me amargan el día’ no te lo amargará y tal vez te saque la carcajada que necesitas justo hoy porque te ha cagado una paloma o porque en la panadería te han llamado ‘señora’.

Laura Vélez

La chica del tren de Paula Hawkins

‘Tú no la conoces. Ella a ti, sí’

Editorial Planeta, 2015

Nos hemos merendado esta novela de intriga y misterio que se ha convertido en un best seller por méritos propios. La chica del tren, del tren de las 8:04 más concretamente, ha supuesto todo un fenómeno editorial con un éxito que no ha logrado su adaptación cinematográfica.

Con una recomendación del mismísimo Stephen King, La chica del tren no deja indiferente a ningún lector. O la odias o la amas, que es lo que suele ocurrir cuando las ventas se disparan creando una expectativa difícil de satisfacer. Le damos un visto muy bueno a esta novela de Paula Hawkins principalmente porque no la hemos leído, sino devorado.

De qué va La chica del tren

Rachel se sube cada día al tren de las 8:04 con destino a Londres. En el trayecto observa las casas de los vecinos de la calle Blenheim Road y se va imaginando sus vidas, una afición muy habitual entre los pasajeros de cualquier tren. Una de las casas que observa es la de su exmarido, al que todavía no ha superado. Otra de las casas pertenece a una pareja que ella ha ideado como feliz, incluso se ha inventado sus nombres y sus trabajos.

Hasta aquí no ha pasado nada, ¿verdad? Tenemos a una Rachel y sus pensamientos obsesivos sobre los habitantes de las casas. Tenemos también a una Rachel con problemas de alcohol y con una vida tan patética que hace imposible congraciarse con el personaje a pesar de estar narrado en primera persona. Su obcecación en no superar su divorcio y en convertirse en voyeur de la nueva vida de su exmarido con su nueva esposa y su hija no hace sino que veamos a la protagonista de la novela con cierto desdén.

A medida que avanza la novela nos vamos enterando de la verdadera vida de los observados, dejando atrás la imaginativa visión de Rachel. También en primera persona aparece Megan, la supuesta feliz pareja de Scott, que efectivamente no es tan feliz como imagina Rachel. Pero Megan tampoco consigue que el lector se ponga de su parte, y esto  no es una crítica negativa hacia la novela, sino todo lo contrario. Acostumbrados a amar a los personajes de las novelas, en La chica del tren no ocurre, no se produce ese vínculo entre lector y personajes y siempre las veremos desde cierta distancia, seguramente porque las vemos desde el tren. La tercera en discordia, la tercera voz o la tercera protagonista es Anna, la esposa del exmarido de Rachel.

Y te estarás preguntando, ¿pero cuál es la trama de La chica del tren? Adelantamos que hay una desaparición y una investigación policial. Pero la propia estructura de la novela hace que sea muy difícil comentar algunos aspectos sin reducir la intriga. Así que lo dejamos ahí. Tres mujeres, tres versiones, pero la misma historia. Este tren no lo puedes perder.

Laura Vélez

El mito del Andrógino o la teoría de la media naranja en el amor

El mito del andrógino nos los cuenta Platón en ‘El Banquete’ por boca del cómico Aristófanes. Una teoría para volver a creer en el amor verdadero.

Si a estas alturas ya piensas que a tu media naranja se la ha exprimido otra persona o que tu media naranja sigue colgada en el árbol tratando de madurar o que en realidad eres un medio limón y por eso no hay forma de que encajes con una media naranja, queremos darte un consejo: Sigue buscando. Porque según la antigua leyenda del andrógino, hay una mitad por ahí destinada a ti. Lo que no dice la leyenda es dónde buscarla.

La naturaleza andrógina de los seres humanos

 

El mito del andrógino nos lo cuenta Platón en “El Banquete”, aunque por boca del siempre genial Aristófanes. El cómico nos descubre la antigua naturaleza humana que explica precisamente el motivo por el que nos pasamos la vida intentando encontrar a “esa persona”, a nuestra mitad, a nuestra media naranja o lo que viene a ser el amor verdadero.Parece ser que hubo un tiempo en que los seres humanos eran andróginos, unos seres de doble naturaleza, con un cuerpo circular de dos rostros, cuatro brazos, cuatro piernas, dos pares de órganos sexuales… en fin, seres redondeados que podían caminar en cualquier dirección, mirar hacia dos lados y con una fuerza multiplicada por dos.

Eran seres humanos completos y se diferenciaban en tres sexos. Había algunos plenamente masculinos, que eran descendientes del sol; había otros plenamente femeninos, que eran descendientes de la tierra; y los restantes tenían características masculinas y femeninas y eran descendientes de la luna. Esta diferenciación entre sexos de los seres andróginos explicará más adelante la homosexualidad y la heterosexualidad con fundamentos más lógicos que los que esgrimen algunos sectores de la sociedad actual.

Divide y vencerás

El caso es que estos seres andróginos poseían una fuerza importante, que en algunos casos podía equipararse a la de los titanes, y un buen día se organizaron para rebelarse contra los dioses Olímpicos. Los dioses no sabían muy bien qué hacer, porque si eliminaban a los seres humanos no tendrían quién los adorara, así que no podían liquidarlos. Pero sí podían reducir su fuerza.

Zeus cogió su rayo y partió a los andróginos por la mitad. No contento con desgajarlos, se ocupó de poner a cada mitad bien lejos la una de la otra de suerte que no pudieran encontrarse. Fue Apolo, fiel defensor de la belleza, el que se ocupó cuidadosamente de coser la herida del corte dejando la piel perfectamente lisa con el único remate final del ombligo.

En busca del verdadero amor

Desde entonces los seres humanos buscamos a nuestra otra mitad, esa que completa nuestra antigua naturaleza tal y como nos cuenta Aristófanes “Yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza solo podría llegar a ser plenamente feliz si lleváramos el amor a su culminación y cada uno encontrara el amado que le pertenece retornando a su antigua naturaleza”.

El asunto da para muchas interpretaciones y en un mundo donde cada vez es más difícil no tanto encontrar, pero sí soportar a tu media naranja, donde la soltería es un valor en alza y donde parece bastante claro que la felicidad no es cosa de dejar en manos de otra persona, no parece que este mito del andrógino vaya a tener mucho éxito. Sin embargo, hay una cosa clara cuando encuentras a tu otra mitad, aunque solo sea temporalmente, y también nos lo descubre Aristófanes “¿Acaso lo que desean no es estar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día se separen el uno del otro?”.

Laura Vélez

Comienza así

Espera. Antes de irte cuéntame otra vez aquella historia en la que tú y yo salíamos perdiendo. Cuéntamela aunque solo sea por quedarte unos minutos más, porque sé que no vas a volver. Quiero escucharlo otra vez, que no apuestas por mí, que nunca se te pasó por la cabeza hacerlo, que mejor que los buenos polvos no se conviertan en lodos y que yo, cuéntamelo con esa sonrisa condescendiente, tampoco es que hubiera apostado mucho por ti, que lo que pasa es que me dejo llevar por la fantasía. Me lo cuentas y ahora ya te puedes ir aunque me dejas con el corazón hecho pedazos, como esa copa de vino que acabo de destrozar contra la pared en cuanto has cerrado la puerta. Para no volver, eso lo sé sin que me lo cuentes ni una sola vez. O tal vez algún día. Pero será mejor que no.

Laura Vélez